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Junio 21, 2011

Editorial: Firmas con olor a gasolina

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Written by: Metro en Bogotá

La realidad energética del mundo no se puede desconocer, así todos queramos una gasolina más barata.

Una nueva campaña de recolección de firmas de la ciudadanía acaba de comenzar en el país por cuenta de una iniciativa promovida por la Comisión de Seguimiento de los Combustibles del Senado de la República. Según ha sido explicado, los promotores de la idea buscan conseguir el respaldo de al menos 1,5 millones de personas con el fin de presentar un proyecto de ley de iniciativa popular que conduzca a una rebaja de los precios de la gasolina.

La razón de la polémica no es nueva. Desde cuando las cotizaciones del petróleo empezaron su carrera al alza hace varios años, los consumidores de casi todo el mundo han tenido que echarse la mano al bolsillo a la hora de ‘tanquear’ su vehículo.

Sin embargo, en el caso de Colombia, esa cuesta parece ser más empinada que en otras latitudes. Hoy en día, el galón de gasolina se vende a 8.499 pesos en Bogotá, menos que en otras zonas, lo cual equivale a casi 4,8 dólares.

Si bien las comparaciones son odiosas, los automovilistas en Estados Unidos pagan un dólar menos por el mismo volumen, mientras que en Perú o México ese diferencial alcanza casi a la mitad, aparte de los casos extremos de Ecuador o Venezuela, en donde la brecha es todavía más amplia. En América Latina, solamente chilenos y brasileños tienen que desembolsar más cuando van a una estación de servicio.

En respuesta, los expertos en el tema señalan que lo que ocurre en el país es el resultado de dos factores. De un lado, está la adopción de una política iniciada en la administración Pastrana, mediante la cual se empezaron a desmontar en forma gradual los subsidios a los combustibles, que resultaban muy onerosos para el presupuesto nacional. Del otro, se halla la existencia de una carga impositiva alta, pues el 30 por ciento de lo que cuesta el galón se va en tributos como el IVA, o la sobretasa que cobran los municipios para su desarrollo vial.

A pesar de esa explicación, senadores como Luis Fernando Velasco sostienen que el precio de la gasolina se podría reducir en cerca de 2.000 pesos, si en lugar de reconocerle a Ecopetrol el valor que recibiría si exportara el petróleo, se le paga lo que cuesta extraer el crudo. Dicho planteamiento, sin duda, es atractivo, pero entraña peligros que hay que señalar a tiempo, antes de que las fórmulas populistas tomen carrera.

Para comenzar, es necesario insistir en que volver a la época de los subsidios sería un error descomunal. Tan solo en el 2008, esa cuenta ascendió a 5 billones de pesos, que equivalen a más de lo que se gasta en Familias en Acción, un programa fundamental en la lucha contra la pobreza. Incluso, pagarle menos a Ecopetrol acabaría impactando las utilidades de la empresa, con lo cual bajaría tanto lo que el Estado recauda por impuesto de renta, como por dividendos, pues la Nación es dueña del 90 por ciento de las acciones de la compañía.

No obstante, vale la pena que el Gobierno estudie otras propuestas. Fedesarrollo ha sugerido que los impuestos tengan un techo en pesos, con lo cual se moderarían los incrementos que vengan. Otros opinan que se pueden lograr ahorros razonables en la cadena actual, lo cual debería mirarse con atención.

Una actitud proactiva sería, entonces, la indicada, cuando se tiene en cuenta que las cotizaciones del petróleo tenderán a aumentar más allá del respiro reciente. De hecho, los analistas pronostican que el barril de crudo podría superar la marca de los 200 dólares en la próxima década, por lo cual es bueno tener en cuenta que cualquier alivio acabará siendo temporal. Y es que la realidad energética del mundo no se puede desconocer, así todos queramos una gasolina más barata.






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