Aunque el Metro en Bogotá es un tema de longitud porque hay que ver lo que tiene de ancho y de largo esta discusión, y puede ser una medida de volumen ante el calibre de la determinación, lo que se evidencia es que en este pulso entre el Presidente Juan Manuel Santos y el Alcalde Gustavo Petro se decide el peso específico que va a marcar cada uno de estos dos protagonistas en el futuro inmediato de la política colombiana. Dos líderes con estilos diferentes, agendas diferentes y filosofías diferentes, pero con una misma ambición verdadera: la presidencia en el 2014.
No tanto porque no haya que creerles: a Petro cuando dice que no va renunciar a la alcaldía o a Santos cuando dice que cada día tiene su afán y aún no lo ha decidido, sino porque los dos están seriamente comprometidos con sus propósitos partidistas, la reunificación del gran partido liberal, el uno y la consolidación nacional del partido de izquierda, el otro; ambos con profundas aspiraciones a liderar la siguiente década en la vida política del país y por supuesto a disputarse la próxima silla en el Palacio de Nariño, en cabeza propia.
Esto que parecería descubrir el agua tibia no tendría nada de malo si no es porque ninguno de los dos ha podido esconder que estos intereses particulares y grupales se van a anteponer a los de casi 6 millones de habitantes de la ciudad, que invariablemente están conectados con la suerte de cerca de 44 millones de colombianos en materia de infraestructura, antesala necesaria para derrotar el síndrome eterno del subdesarrollo.
En materia económica es una inversión que implica poner milesde millones de dólares, en materia social implica salir del ostracismo en asuntos de transporte masivo, pero en materia política es determinante para calificar como el gran reformador urbano. De ahí que los esfuerzos de uno y otro van estrechamente ligados a sus aspiraciones personales y partidistas y, en el colmo del tercermundismo, el futuro de la movilidad bogotana depende una vez más de la conveniencia de quienes deben liderar sus soluciones.
Claro que el Metro requiere estudios. Pero ya hay estudios adelantados, diseños hechos y hoy ya se podría tranquilamente iniciar la licitación, pero el tema es quién se lleva los réditos políticos. Si el País debe poner el grueso del dinero y en manos del alcalde está el grueso de la decisión, como decían los abuelos, cójanme ese trompo en la uña.

