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Mayo 15, 2012

El Plan de Desarrollo de Petro: ¿una apuesta humana?

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Written by: Metro en Bogotá
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El alcalde no ha logrado despegar ni sintonizarse con la ciudadanía. Su Plan Bogotá Humana tiene buenas intenciones, pero también tiene serios problemas conceptuales, que se reflejan en el proyecto de presupuesto que acompaña al Plan. Una mirada aguda y un llamado sereno a enderezar el rumbo para bien de la ciudad.

Carmenza Saldias

Norma y compromiso

La formulación del Plan de Desarrollo es una de las tareas más importantes de un periodo de gobierno, primero, porque permite al nuevo alcalde convertir sus intenciones de campaña en una norma de obligatorio cumplimiento y, segundo, porque constituye un acuerdo tácito que se traduce en compromisos tanto del Alcalde y su equipo de gobierno, como de quienes lo acompañan políticamente y de la ciudadanía en general, en tanto la formulación del Planhaya sido participativa.

¿Tiene el Plan de Desarrollo Bogotá Humana la fuerza suficiente como para convocar las distintas fuerzas políticas, económicas y sociales en torno a un proyecto de ciudad?

Petro no arranca

El alcalde presentó su proyecto de Plan de Desarrollo al Concejo Distrital – con lo cual concluye la primera fase de su administración- sin haber consolidado su equipo de trabajo, sin haberse sintonizado del todo con la ciudadanía y sin haber alcanzado sus propias metas sobre participación ciudadana en la preparación del Plan. También, debo añadir, sin mencionar casi el Plan ni defenderlo con el empeño que ha dedicado a propuestas más puntuales.

En relación con su equipo de trabajo, han causado sorpresa las tempranas deserciones de los designados para algunas posiciones claves – Secretaria de Gobierno, Transmilenio –, la demora en proveer la totalidad de los cargos, y la poca visibilidad de la mayoría de los integrantes de la segunda línea – secretarios y secretarias de despacho, gerentes, directores –, salvo contadas excepciones, como la del Secretario de Salud.

De ahí la percepción generalizada de que la administración no arranca y del estilo autocrático del alcalde, que está propagándose de manera inconveniente, cuando se esperaría contar con un equipo de trabajo sólido, estable y cohesionado al frente de la ciudad.

Los bogotanos no aprueban ni participan

La conexión con la ciudadanía no parece haber mejorado durante esta fase: el Alcalde habría podido intentar “seducir” con sus propuestas a nuevos sectores de la población, considerando que ganó la Alcaldía con apenas un tercio de los votos, y que siempre conviene ampliar las bases de apoyo, o cuando menos tratar de gobernar para toda la ciudadanía.

¿Tiene el Plan de Desarrollo Bogotá Humana la fuerza suficiente como para convocar las distintas fuerzas políticas, económicas y sociales en torno a un proyecto de ciudad?

Sin embargo, la mayoría de los bogotanos desconoce los principales temas del Plan, y las propuestas sobre temas específicos han sufrido tantos ires y venires que no hay claridad sobre las mismas.

El alcalde, en efecto, no ha conseguido comunicar sus ideas y menos que se entiendan debidamente, tanto así que no existió la tradicional “luna de miel” con la ciudadanía — ¿o con los medios? — esa especie de tregua o de compás de espera que suele caracterizar los primeros meses de gobierno. La empatía entre el gobernante y los gobernados sigue brillando por su ausencia, tal como puede verse en la gráfica siguiente:

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Sobre la participación ciudadana en la formulación del Plan hablan las propias cifras oficiales: las expectativas eran elevadas – se esperaba contar con un millón de personas en estas actividades – pero se logró menos del diez por ciento de esa cifra (unas 60.000 personas registradas, según el Instituto de Participación). Además del exceso de optimismo, este resultado refleja otros hechos protuberantes:

  • Fallaron la convocatoria y la logística;
  • La respuesta de sus propios partidarios fue muy escasa;
  • Siguen siendo muy precarios los resultados del Consejo Territorial de Planeación, tras veinte años de existencia;
  • El aumento de la anomia hasta niveles comparables a los que registraba la ciudad hacia 1994, como consecuencia del desgobierno de los últimos años.

Un viraje necesario

Es de esperar que al término de esta primera fase, el alcalde reflexione sobre lo cómo dar evidencias de que gobierna – no basta con mandar – y de que está acompañado de un equipo de funcionarios autónomos, que contribuyen a la gobernabilidad al ejercer la autoridad en sus propias áreas.

También le convendría revisar las formas y los contenidos de sus mensajes a la ciudadanía, pues no parecen despertar ningún interés entre las mayorías, ni convocar los respaldos necesarios para llevar a cabo su Plan y sus propuestas, aun entre sus propios votantes.

Ojalá también vaya aprendiendo a entender algunas de las dificultades inherentes al complejo manejo del aparato distrital, de los tejemanejes de la política territorial y de las realidades estructurales de la ciudad, para que sus acciones ganen en asertividad y pertinencia.

Buenas intenciones, debilidades conceptuales

El Proyecto del Plan es un conjunto de demasiados documentos – lo cual de entrada, dificulta su comprensión integral-: algunos muy largos o crípticos, difíciles de leer y más aun de ser apropiados por la ciudadanía. Uno llega a preguntarse qué tan claros están los derroteros cuando se necesitan tantas páginas para darlos a conocer.

El Plan se denomina Bogotá Humana, siguiendo el programa de gobierno que presentó Petro durante su campaña, lo cual implica “… mejorar el desarrollo humano de la ciudad, dando prioridad a la primera infancia y aplicando un enfoque diferencial en todas sus políticas”.

Esta fórmula inobjetable se queda sin embargo en generalidades y no avanza en incorporar nuevos enfoques; por ejemplo el de “la economía del cuidado”, que lleva a revalorizar el tiempo dedicado a la reproducción y la crianza, sin lo cual la atención a la primera infancia no pasa de ser una buena intención, pues se reduce a programasasistenciales a cargo del sector público.

En cuanto al enfoque diferencial, parecería existir una cierta confusión entre los principios de progresividad y de “discriminación positiva”, que deberían tener las políticas, y el carácter diferencial de los criterios de focalización de beneficiarios de las inversiones y de los programas sociales.

A continuación, se manifiesta el deseo de reducir todas las formas de segregación social, económicas, espaciales y culturales, de ordenar el territorio alrededor del agua y de fortalecer lo público como fundamente del Estado social de derecho.

Pero las buenas intenciones se quedan a mitad de camino: de un lado, no quedan explícitos los objetivos de medio y apenas se indican los fines esperados y, de otro, se reitera el carácter asistencial y subsidiado de su enfoque, al ignorar al sistema económico en general como motor de riqueza, empleo e ingresos, y limitar el impacto de la acción pública a que los pobres tengan que gastar menos en vez aumentar su ingreso por las vías de la inversión en desarrollo social, ciencia, tecnología, infraestructura y plataformas de servicios, entre otros.

¿En qué se van a gastar 60 billones?

Las apreciaciones anteriores podrían parecer subjetivas si no fuera porque se confirman al analizar el presupuesto del Plan:

  • En primer lugar, su elevado monto – más de 60 billones de pesos – indica la creencia de que el crecimiento económico de la ciudad aumentará tanto los recursos fiscales, que bastará con aumentar los impuestos convencionales. Tan es así que ni siquiera se mencionan las fuentes urbanísticas (tipo valorización, plusvalía), las cuales siguen embolatadas bajo un gobierno que se dice progresista y que anuncia un cambio en el modelo de desarrollo urbano.

La mayoría de los bogotanos desconoce los principales temas del Plan, y las propuestas sobre temas específicos han sufrido tantos ires y venires que no hay claridad.[/pullquote_right

 

Pero al mismo tiempo preocupa que el alcalde desee cambiar un modelo de ciudad que según sus cálculos produce tanta riqueza fiscal, sin decir expresamente cual será el nuevo modelo económico de la ciudad ni explicar cómo se mantendría el erario.
  • En segundo lugar, la asignación de los recursos no demuestra el énfasis en lo social. Por el contrario, predominan las inversiones en pocos y costosos proyectos de infraestructura de transporte, de bajo impacto real sobre el ordenamiento territorial y la eficiencia en la movilidad, y de alta incertidumbre por la baja capacidad de ejecución demostrada en este tipo de obras, y del alto endeudamiento que exigen. El aumento del riesgo financiero podría frustrar los objetivos de reducir la inequidad social o la vulnerabilidad ante el cambio climático.
  • En tercer lugar, preocupa el aumento exorbitante de los recursos del Plan, sobre todo cuando no se ve un aumento proporcional en el esfuerzo de modernización del aparato distrital. Es probable que el germen de las dificultades de la administración de la ciudad se haya incubado en la mezcla de varias circunstancias:

– Una reforma institucional incompleta;

– La discrecionalidad e inestabilidad de la burocracia, que se manifiesta en las contrataciones temporales y los contratos de prestación de servicios;

– El crecimiento de los recursos públicos, más allá de la que el aparato puede administrar razonable y sensatamente.

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Muchos cambios en la administración han impedido armar un  equipo de Gobierno. Recientemente se posesionó Fernando Rey en Transmilenio.   Foto: Bogotá Humana.

Pero este panorama no parece mejorar y, por el contrario, los sectores sacrificados en el Plan son justamente los de Gobierno, Hacienda y Planeación, que deberían abordar procesos inaplazables de modernización y fortalecimiento, de manera que se recupere la capacidad de seguimiento y de control de las entidades estratégicas, se mejore la capacidad de ejecución de las entidades misionales y de apoyo, y se asuma sin tapujos que ante aumentos de la inversión de tal tamaño, lo responsable es aumentar proporcional y razonablemente el gasto de funcionamiento, a menos que se quieran dejar intactas las oportunidades para el despilfarro y la corrupción.

Por el momento, todo está preparado para que se inicie el debate en las próximas semanas, cuando sería deseable contar con una mayor presencia del Alcalde y de la Secretaria de Planeación, llamados a ejercer un liderazgo abierto, amplio y convocante, para garantizar no solo un buen resultado en el Concejo de la ciudad, que honre la intención de lograr consensos democráticos anunciada por el gobierno distrital, sino que además amplíe el respaldo al Alcalde y a sus ideas entre la población.

Si la elección del Alcalde depende del respaldo a su programa de gobierno de un sector de los votantes, la gobernanza democrática exige el apoyo de la mayor parte de la ciudadanía al Plan de Desarrollo. Está por verse si se logra.

Fuente: razonpublica.com
14 de mayo de 2012

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Un comentario


  1. Erika Salamanca

    Que buen análisis felicitaciones a la experta Carmenza Saldias.



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