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Noviembre 8, 2011

Fin del caos vial dejaría perdedores

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Written by: Metro en Bogotá
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Con la organización del transporte en la capital, cerca de 4.000 vendedores y 500 calibradores se quedarían sin trabajo.

Desde hace 10 años, Luis Camargo vende poemas en los buses que circulan por la 30. María Teresa Ladino tiene 45 y los últimos 25 años ha sobrevivido vendiendo mercancías en los buses del centro. Ellos, y cerca de cuatro mil vendedores y 500 calibradores que viven del transporte público en la ciudad, no saben qué van a hacer desde marzo, cuando entre en funcionamiento el nuevo Sistema Integrado de Transporte (SITP) y las puertas de los buses queden cerradas para los dulces y las canciones.

No sólo ellos se verían afectados. Según los resultados del último censo realizado a esta población por la Secretaría de Movilidad Distrital y el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional, la mayoría sostiene a sus familias con las ganancias que deja el oficio y que, se calcula, a diario fluctúan entre 10 y 25 mil pesos. Según el censo, más de 10 mil personas, sin contar a los distribuidores de los productos que se comercializan en los buses, estarían en problemas con el nuevo sistema que promete revolucionar el transporte en la capital.

“La mayoría tienen entre 18 y 40 años, pertenecen a estratos 1 y 2 y viven en el sur de la ciudad. Hay un porcentaje significativo de madres cabeza de familia y se trata de gente pobre que sólo tiene esa actividad para subsistir”, advierte el profesor José Stalin Rojas, encargado del estudio.
De acuerdo con la Secretaría de Movilidad, para mitigar los efectos colaterales del SITP, el Distrito ya empezó a ofrecerles capacitaciones en diversos oficios, como mecánica, electricidad y belleza. Pero los vendedores y artistas que se pasan todo el día recorriendo la ciudad a bordo de un bus no están convencidos de que los cursos sean garantía de un empleo. Por eso ya conformaron una organización con personería jurídica y ahora proponen que la nueva administración les permita seguir trabajando a bordo de los buses de manera organizada, bajo la supervisión de la Secretaría de Movilidad.

Por ahora, María Teresa Ladino espera que la época navideña —la última, quizás, que pase a bordo de un bus— le deje buenas ganancias y que el Distrito les asegure el derecho al trabajo. “Sabemos que no hay muchas oportunidades para nosotros y que Bogotá no está preparada para que 5.000 vendedores pasen a invadir su espacio público”, asegura.

Fuente: elespectador.com

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