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Marzo 24, 2012

La aversión a lo privado

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Written by: Metro en Bogotá
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Si los empresarios que se aventuren por esos caminos y culminen con éxito estas aventuras van a ser crucificados por haber hecho el esfuerzo, podemos decirle adiós al concepto.

Este sistema debió haberse regulado desde mucho antes de que se creara el TransMilenio.

Los propietarios de las empresas del TransMilenio en Bogotá han sido señalados como una de las causas de la presente crisis de ese sistema porque este admite que se generen utilidades y que los socios de las compañías transportadoras reciban dividendos.

Las familias supuestamente usufructuarias de estos beneficios han sido el “villano elegido” por el Alcalde y por comentaristas en diferentes medios de comunicación y se cuestiona si es justo que solamente “doce familias” obtengan estos beneficios del sistema de transporte.

No se sabe si son doce las familias supuestamente beneficiarias del sistema, pero son más que las que se benefician de la propiedad de los medios de comunicación, por ejemplo, de los canales de televisión y de los periódicos. Las familias que controlan entidades financieras son menos, como lo son las propietarias de bienes de consumo esenciales. Las dueñas de cadenas de almacenes, de estaciones de servicio o de salas de cine se cuentan en los dedos de una sola mano. En un país pequeño, los que controlan los medios de producción, los bancos y las comunicaciones necesariamente son muy pocos, pero eso no los hace villanos; ni ganar plata como fruto del trabajo, del ingenio o de la inversión debe dar lugar a señalamientos.

Una de las características positivas del TransMilenio es haber creado la oportunidad de que surgieran nuevos grupos empresariales, la mayoría de ellos de origen popular, que se iniciaron en el mundo de los negocios como operadores o propietarios de buses en el caótico sistema privado de transporte público que se dejó crecer sin control en las principales ciudades del país, que todavía subsiste y es una de las causas de la inmovilidad urbana.

Este sistema debió haberse regulado desde mucho antes de que se creara el TransMilenio, una idea genial que ahora exige nuevas transformaciones, pero que ha permitido establecer exitosas alianzas “público-privadas” antes de que se pusieran de moda, modernizar y ponerle un cierto orden al transporte de las ciudades.

Se transformó “la guerra por el centavo”, una auténtica expresión del capitalismo salvaje, y se instituyó un sistema capitalista corporativo, ordenado por un Estado supuestamente regulador, en el que grupos de los antiguos operadores se han juntado y han aportado recursos para ofrecer un mejor servicio.

La mayoría de ellos renunciaron al negocio de transporte que tenían, o sacrificaron buena parte de los buses que poseían. Es natural que lo hubieran hecho motivados por la posibilidad de generar ganancias y crear riqueza, y que estén protegidos contractualmente. Ello ha dado lugar a poderosas empresas nuevas que se han aventurado a operar sistemas de transporte en otras ciudades y en otros países.

Este modelo de agrupar operadores de un sistema ineficiente o inoperante en corporaciones con ánimo de lucro que presten el servicio de manera más eficiente o con mejor tecnología en forma organizada y con mayor intervención del sector público es reproducible en otros ámbitos de transporte, de los servicios y de la actividad comercial y es esencial para que progresen las alianzas público-privadas en las que el Gobierno tiene puestas tantas esperanzas. Pero si los empresarios que se aventuren por esos caminos y culminen con éxito estas aventuras van a ser crucificados precisamente por haber hecho el esfuerzo, podemos decirle adiós al concepto.

El prejuicio atávico que existe en nuestra cultura contra el éxito y la aversión al emprendimiento privado son un obstáculo institucional poderoso que tiene un impacto negativo en el desarrollo del país y el de un sistema capitalista más vigoroso y democrático porque privilegia el “viejo dinero” y persigue al “nuevo”.

Fuente: eltiempo.com
22 de marzo de 2012

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Un comentario


  1. ANGELA

    La esencia de los negocios es generar riqueza, recursos, bienestar. En este caso los empresarios asumieron el riesgo y resultó ser un éxito. La imagen de la ciudad ante los ojos del mundo cambio de manera radical.



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