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MOVILIDAD

Abril 4, 2012

La capital del país tiene serios problemas de movilidad, abastecimiento de energía, accesos viales a la ciudad, infraestructura aeroportuaria y suministro de agua potable.

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La capital de Colombia sufre un previsible momento de crisis que, en realidad, es un reto para sus gobernantes y habitantes.

El colapso es un proceso; se anuncia y se anticipa. Y cuando se trata de una ciudad es de carácter multidimensional.

Este puede ser el caso de Bogotá, manifestado en recientes evidencias sobre problemas de movilidad, abastecimiento de energía, accesos viales a la ciudad, infraestructura aeroportuaria, suministro de agua potable, falta de escenarios para presentación de eventos, y el lamentable estado de la malla vial y los andenes, entre otros.

Lo anterior es, solo el hard, lo que se ve y se palpa. Los aspectos soft de la ciudad también están mostrando enorme fatiga: falta una Agenda Ciudad, Bogotá parece sin vocación ni rumbo.

Están los problemas repetitivos sobre el POT, la pobre coordinación de acciones con la CAR, la creciente inseguridad, la desmadrada de los procesos de contratación de la ciudad, las dificultades y atrasos para implementar el Sistema Inteligente de Administración del Trafico (SIAT), y situación similar con el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP).

Es muy posible que existan otras crisis menos visibles, pero mucho más importantes relacionadas con la calidad de la educación, la falta de programas de investigación, innovación y desarrollo; la insuficiencia del sistema de salud.

La situación actual es mucho más que metro o no metro, tranvía o tren de cercanías, ALO o parque en humedales; bicicleta o Pico y Placa, invasión del espacio público e informalidad creciente. Cultura del vandalismo y protesta consuetudinaria, en la que cada grupo de interés se siente autorizado para bloquear la movilidad y el comercio, y destrozar amoblamiento, y propiedad pública y privada.

Pero, honestamente, la situación no es catastrófica, y no corresponde solo a Bogotá. Parece que las ciudades, de tiempo en tiempo, en la medida en que varían su escala, población y tamaño, afrontan crisis severas de infraestructura, instituciones y rumbo.

Bogotá se acerca a los ocho millones de personas, pero su infraestructura e instituciones son apropiadas para una urbe de cinco millones. La ciudad ha sido desbordada por su crecimiento y su dinámica.

LAS POSIBILIDADES

Presentada la radiografía, vale la pena una reflexión sobre la ciudad y su crisis.

Primero, no es catastrófica ni única, ni aislada. Segundo, si no se atiende con sentido de urgencia, acudiendo a las mejores prácticas de gerencia urbana, a un sentido pragmático de identidad ciudadana, a una conciencia colectiva de futuro y aspiración, entonces, el proceso de colapsar puede adquirir una dinámica que desborde sin remedio la gestión, la infraestructura y las instituciones.

Bogotá no ha llegado al punto de no retorno.

Es una ciudad privilegiada, situada en una de las más generosas geografías de la tierra por su conformación y su clima, abundancia de aguas, fertilidad de sus tierras, diversidad de alturas y temperaturas, y una relativa distancia frente a los desastres naturales (terremotos, tsunamis, huracanes, etc.).

Arquitectónicamente, la ciudad es hermosa.

A pesar de las críticas, tiene una envidiable abundancia de verde en sus parques, cerros y humedales. Además, cuenta con una plataforma de empresas competitivas, buenos centros universitarios, colegios, escuelas, centros hospitalarios.

Por la oferta cultural y la disciplina de trabajo de sus ciudadanos, nuestra ciudad es indiscutiblemente una de las mejores de Latinoamérica. Pero como se puede deducir, la ausencia de acciones radicales para corregir sus problemas puede conducir a que, estando 2.600 metros más cerca de las estrellas, pueda estar más cerca de una buena estrellada.

A esta altura de la problemática es indispensable generar debates sólidos, constructivos y vigorosos. No hay tiempo y espacio para evadir la confrontación civilizada que exige poner sobre la mesa las polémicas necesarias.

Debe cuestionarse, por ejemplo, la pretensión y arrogancia de una nueva administración que asume el mando y decide ignorar estudios técnicos y recomendaciones de expertos.

De la noche a la mañana, el nuevo equipo, con el Alcalde a la cabeza, se proyecta como especialista en movilidad, urbanismo y reorganización empresarial.

En materia de comunicaciones, Bogotá, ciudad alejada de mares y ríos, y comunicada con el mundo por cuatro carreteras y un aeropuerto, debe debatir cual debería ser el plan de integración vial, férrea y aérea –y eventualmente fluvial–, mediante la conexión y rehabilitación del río Magdalena.

Debe discutirse si el problema de congestión aérea se resuelve ampliando o construyendo un segundo aeropuerto.

Debe analizarse qué es más importante para el ciudadano: el metro o un metro de andén en buen estado, o un sistema multimodal por toda la ciudad.

Se necesita una Agenda Ciudad, frenar la actual dispersión de propósitos.

La falta de objetivos comunes y visión de largo plazo están a punto de generar un gravísimo estancamiento para hacer realidad la capacidad de respuesta y el posicionamiento de Bogotá en un mundo de competencia feroz. Las metas de ciudad inteligente, digital, conectada y moderna son cada vez más ambiguas.

La innovación y el desarrollo de manera colaborativa están completamente rezagados. Mucha palabrería y un mar de ineficiencias. Es también el momento de repensar qué clase de ciudad se quiere y las relaciones que debe tener con sus alrededores.

Francisco J. Navarro
Gerente general de Anditel

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