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Julio 6, 2011

La mala hora del IDU / Voy y vuelvo

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Written by: Metro en Bogotá
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Obras en Fontibón que demuestran el mal estado de las vías en la capital.

La suerte del IDU quedó sellada cuando políticos y avivatos vieron en él una mina de oro.

Hubo una época en que el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) era la entidad pública con mayor prestigio en Bogotá. Gracias a él se construyeron puentes, autopistas, parques, troncales, etc. Se llegó a afirmar, incluso, que manejaba el mismo presupuesto de 4 ministerios juntos y una envidiable nómina de técnicos, ingenieros y arquitectos.

El IDU sigue siendo, sin duda, uno de los entes de mayor relevancia en la ciudad. Actualmente adelanta trabajos por casi 3 billones de pesos. Pero fue precisamente ese poder desmesurado el que significó su perdición, producto, cómo no, de la forma perversa como opera la entidad: el IDU decide las obras, asigna la valorización, factura el cobro, recauda y ejecuta.

Pero la suerte del IDU quedó sellada cuando políticos y avivatos vieron en él una mina de oro. Muchos técnicos fueron reemplazados por recomendados políticos y, peor aún, por fichas clave al servicio de contratistas e intermediarios que consiguieron así manipular licitaciones y hacerse a jugosos negocios.

El IDU se convirtió en un poderoso fortín en el que – ahora viene a saberse gracias a las investigaciones- presuntamente se colocaban funcionarios de alto nivel en contraprestación a los favores recibidos en campaña. De allí nace lo que se conoce como el carrusel de la contratación que investigan las autoridades y que tiene a ex funcionarios presos, a un Alcalde suspendido y a contratistas y abogados pendientes de investigación.

El problema no es nuevo y por eso tampoco sorprende que las cosas hayan llegado a lo de hoy: tres directores en tres años. El último renunció diez días después de posesionado porque se sintió huérfano hasta de justicia. Escándalo, desprestigio, despilfarro y una entidad que da pena. Lo siento por los funcionarios honestos que quedan y deben cargar con semejante lastre.

En el último eslabón de la cadena estamos los ciudadanos. Los que pagamos valorizaciones y tenemos que rogar para que se hagan las obras, se terminen las obras y se entreguen las obras. Todo esto ha creado un ambiente malsano entre la gente y el IDU. Los ciudadanos se transformaron en batallones de quejosos porque los trabajos quedan mal o no se les consulta o atentan contra su calidad de vida.

Ahí están los vecinos de la Séptima peleando por una troncal distinta; los del parque Independencia porque los dejaron sin sus árboles y palmeras; los de la 153 porque abandonaron la obra; los de la 116 por unos andenes que tardaron años en construirse y los habitantes del sur, porque siguen entre polisombras y zanjas debido a las demoras del distrito de mantenimiento. Ojalá aparezca alguien que se le mida a este potro para salvarlo. ¿Pero quién? Pobre IDU, pobre ciudad.

Nota: Han pasado 12 días desde el vil asesinato de las hermanas Sandra (14) y Érika (7) y aún no hay detenidos.

Fuente: eltiempo.com

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