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Junio 25, 2015

Los tropiezos en la construcción del puente más elevado de Bogotá

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Costó más del doble y hubo parálisis y sobrecostos por falta de diseños y mala planeación.

La glorieta más elevada de Bogotá, inaugurada aún sin terminar por el alcalde Gustavo Petro el pasado martes y que ha llamado la atención de muchos habitantes de la capital del país, costó más del doble de lo presupuestado, debido a toda clase de pleitos entre los constructores y la Administración Distrital. Las fallas en la planeación le salieron caro a las finanzas públicas.

Imagen aérea del puente más elevado de Bogotá, en la NQS con calle 6.ª, en el centro.

Imagen aérea del puente más elevado de Bogotá, en la NQS con calle 6.ª, en el centro.

Esta obra fue adjudicada en octubre del 2010, durante la alcaldía de Samuel Moreno, a la firma Ingenieros Constructores e Interventores ICEIN S.A. El puente elevado permitirá la conexión de las troncales de TransMilenio de la avenida Caracas y la NQS, en la calle 6.ª

Según el plan inicial, la obra debía estar concluida en diciembre del 2011, por un costo de 61.000 millones de pesos. Sin embargo, terminó costando 131.000 millones de pesos y se entregará, si no ocurre algún imprevisto, en agosto de este año, es decir, casi tres años después de lo planeado.

En julio del 2011, cuando ya habían transcurrido nueve meses desde la adjudicación del contrato, la obra seguía sin comenzar y, por aquel entonces, el IDU realizaba mesas de trabajo con las entidades del Distrito para estudiar cómo se haría esta monumental intervención en un punto neurálgico del centro de Bogotá.

Constructores y el Distrito se enfrascaron en una larga pelea por dudas sobre estudios, diseños y compra de predios, es decir, los mismos males que dominaron el descalabro en la construcción de TransMilenio por la calle 26 y la carrera 10.ª.

De hecho, cuando se posesionó en el cargo, en octubre del 2013, el actual director del IDU, William Camargo, intentó echar para atrás la construcción del puente elevado, tal como estaba presupuestado, debido a que el Distrito consideraba como muy agresiva la afectación urbanística de la glorieta de tres pisos. El Distrito puso el tema sobre la mesa, en la discusión con el contratista, pero no se llegó a un acuerdo y la obra se tuvo que hacer como se había acordado.

“Lo que planteábamos era una solución más liviana, no un puente de tres niveles, porque nos parecía muy pesado desde el punto de vista urbanístico”, recuerda Camargo.

Las dudas sobre los diseños y el plan de desvío del tráfico en esa zona del centro de Bogotá, mientras avanzaban las obras, tardaron un año y medio, según recuerda la exdirectora del IDU María Isabel Patiño, quien representó los intereses de los constructores.

Fuentes del Distrito admiten que la estimación de costos que hizo el IDU en el 2010 “era muy precaria” y “errada”, razones por las cuales el puente terminó con sobrecostos evidentes: de 61.000 millones de pesos se pasó a 131.000 millones.

“El contrato estuvo suspendido año y medio. La ciudad necesita mucha más planeación. Que primero se hagan los diseños y luego las obras”, anotó Patiño.

Lo cierto es que el puente más elevado de Bogotá, inaugurado con bombos y platillos, se suma al largo ejemplo de obras que en los últimos años han terminado presas de la falta de planeación, como la calle 26 y la carrera 10.ª, con un millonario impacto para las finanzas públicas y el bolsillo de los contribuyentes.

El Tiempo

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