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Enero 23, 2017

Conductores: otra arista de la crisis del SITP

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Written by: Metro en Bogotá
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A la crisis que ronda al Sistema Integrado de Transporte de Bogotá ahora se suma la inconformidad de algunos conductores, que ayer protestaron frente a la sede principal de Transmilenio (TM), pues, según ellos, tienen pésimas condiciones laborales. Aunque su contratación depende de los concesionarios, los transportadores creen que TM también lo es, pues su tarea es vigilar a estas empresas. (Lea: Los números rojos del SITP)

Alrededor de 30 conductores protestaron en frente de las instalaciones de Transmilenio, en la calle 26. / Cristian Garavito

A la protesta asistieron alrededor de 30 conductores que, con gritos y arengas, expusieron los problemas que enfrentan a diario. Uno de los más importantes, advierte Wilson Hoyos, presidente del Sindicato del SITP, es la inseguridad: “Vinimos a marchar, porque rechazamos la muerte de nuestro compañero la semana pasada y queremos expresar nuestra preocupación por la inseguridad. Ya nos han asesinado a tres compañeros y todos los días nos agreden verbal y físicamente”. (Lea: Nueve noticias clave para entender la crisis del SITP en Bogotá)

También se oponen a las extensas jornadas de trabajo que, agrega Hoyos, a veces alcanzan las 12 horas. Por eso piden el cambio urgente de la programación que realiza Transmilenio, porque consideran que recarga a los empleados. “Cada bus debe tener tres conductores, pero ahora sólo cuentan con dos. De ahí el exceso laboral, que genera otros problemas como los accidentes causados por los microsueños”. 

 

El sindicalista explica que, aunque cuentan con tiempo libre entre los dos turnos que tienen a diario, no existen lugares donde descansar y por eso es normal ver a los conductores durmiendo en los parques, en las oficinas de los operadores y hasta en los buses. Si bien algunos vuelven a sus hogares, deben pasar horas en los trancones de la ciudad, lo que genera estrés y retrasos en sus agendas.

Otro de los reclamos es por lo que consideran desigualdad de beneficios laborales. Algunos tienen contratos indefinidos y otros no. Lo mismo ocurre con los salarios, que varían de acuerdo con la empresa para la que estén trabajando y el tamaño del bus. “Queremos que el trato sea igual, sin importar en qué compañía trabajemos. Lo mismo sucede con los salarios: quienes conducen buses articulados ganan mucho más de lo que gana un conductor del SITP”, puntualiza.

Finalmente, les preocupa el estado de la flota, pues, según los conductores, las empresas no le hacen el mantenimiento adecuado. Según Hoyos, los encargados de esta área tienen que trabajar con las uñas, porque no les dan las herramientas necesarias. Además, denuncia que la mayoría de los repuestos que adquieren son usados.

La petición es clara: los conductores quieren instalar unas mesas de trabajo para buscar soluciones a sus quejas. Para el gremio, TM prioriza los intereses de los empresarios y no de sus empleados.

Ante la protesta, voceros de TM señalaron que, si bien se encargan de controlar a los operadores del SITP, la situación laboral de los conductores es asunto exclusivo de cada empresa . Y que si existen irregularidades, la investigación de las denuncias le compete al Ministerio de Trabajo.

Por su parte, voceros de las empresas concesionarias le devuelven la pelota a TM y argumentan que todo es parte de la crisis del sistema de transporte en la ciudad. Alcides Torres, vocero de los operadores, asegura que los conductores tienen razón en que “la programación de las rutas es un adefesio”. Y aunque han solicitado que se les permita ser quienes programen las rutas de transporte, dependiendo de las necesidades de los usuarios y la experiencia que tiene cada empresa, TM ha rechazado esta opción. Por esos motivos, deben acudir a las tablas partidas, es decir, a los dos turnos en un mismo día, que agotan a los conductores.

Torres reconoce que no hay infraestructura para que los transportadores descansen, sin embargo, le endilga este problema al Distrito, ya que hasta ahora no ha cumplido con la asignación de patios a las empresas de transporte, algo que contractualmente es responsabilidad de la administración.

Sobre las jornadas, Torres negó que se extendieran a 12 horas. Lo que pasa, señala el vocero, es que se presentan imprevistos que retrasan la programación, como las malas condiciones climáticas, las manifestaciones, los accidentes y hasta los varados. “Eso ya no es culpa de nosotros. Tenemos los tiempos definidos, pero se presentan problemas”, añade.

A Torres lo que más le preocupa es el asunto de la seguridad que, según él, no ha sido abordado por la Policía ni por Transmilenio. Apoya a los operarios en esa pelea, pues cada día aumentan las agresiones. Reitera que los concesionarios quieren mejorar la situación de sus empleados, pero no tienen presupuesto para esta tarea: “Nosotros estamos reventados. No hay ningún operador que tenga liquidez. Estamos a punto de estallar. Transmilenio lleva un año pensando qué va a hacer y hasta ahora no ha tomado decisiones”.

Esa es una verdad irrefutable. La situación financiera del SITP es tan crítica, que varios de sus operadores han contemplado “bajarse del sistema”. En conjunto, le deben a la banca más de $3,5 billones y no tienen con qué pagar.

Las causas de ese desbalance, aseguran los concesionarios, pasan por la mala programación de las rutas (a cargo de Transmilenio) y la demora en la implementación total del sistema, en el que siguen funcionando los buses provisionales que le compiten a los azules. No creen que el modelo esté mal diseñado, sino que falta una reingeniería para que todo marche bien. En estos momentos, TM se encuentra adelantando el rediseño del sistema, con el que esperan mejorar el panorama del transporte en la capital del país.

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