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Febrero 21, 2011
 

El eslabón perdido

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18-Feb-2011

Dinero destapa una nueva ficha del cartel de la contratación en Bogotá: Fernando Marín, ex embajador en Venezuela durante el gobierno Uribe.

El ex embajador en Venezuela, Fernando Marín, habló con Dinero en su apartamento en Bogotá. Se declaró ajeno por completo a los problemas de la contratación en la ciudad.

A comienzos de 2008, cuando iniciaba la recta final de su gestión como embajador de Colombia en Venezuela, Fernando Marín Valencia fue notificado de la iniciación de un proceso ejecutivo en su contra por el incumplimiento en el pago de una deuda por US$53,2 millones que financiarían parcialmente la construcción del River Oaks Condominio, un conjunto de apartamentos en Miami.

El entonces diplomático debía responder solidariamente por la obligación con su socio, el empresario barranquillero Luis Cárdenas Gerlein, que en aquel momento se encontraba al frente del negocio. Fremont Investment & Loan, la firma prestamista, había vendido la obligación a Star FM y esta no parecía dispuesta a ampliar plazos ni a hacer refinanciaciones.

El proceso de cobro ejecutivo coincidía con varias demandas de contratistas y proveedores, impacientes por los retrasos en los pagos. El proyecto líder de la compañía Macala USA LLC -en el que Marín y Cárdenas tienen intereses comunes- parecía naufragar y, con él, el sueño de construir un exclusivo conjunto de 199 apartamentos, con área de marina náutica, jardín botánico propio y edificio de estacionamiento de siete pisos.

Menos de dos años después, en julio de 2010, Macala, que tiene entre sus socios al Grupo Andino Marín Valencia, una importante constructora colombiana, había obtenido recursos frescos y el River Oaks Marina Condominio volvía a florecer. La historia reflejaría apenas las angustias normales que enfrenta, en medio de crisis cíclicas, cualquier empresario de la construcción, si no fuera porque buena parte de ella está cubierta por un velo de dudas.

El proyecto volvió a salir a flote en un momento que coincidió con el surgimiento de una controversia que aún no termina alrededor del llamado “carrusel de la contratación” en Bogotá. El contratista Alejandro Botero, uno de los primeros en arrojar la piedra del escándalo, aseguró que desde Miami Luis Cárdenas sacaba rédito indebido de los negocios públicos de la ciudad y buscaba arreglos con su amigo Emilio Tapia para comprar la cesión de los contratos adjudicados al Grupo Nule para la ejecución de obras de Transmilenio.

A juzgar por lo dicho por Botero, Cárdenas ofrecía entre US$2 y US$3 millones y estaba urgido de hacerse a una fuerte participación en los negocios públicos de la ciudad para salir de una crisis que enfrentaban sus negocios de construcción en Miami. Tapia, un joven que tres años atrás había llegado prácticamente sin recursos a Bogotá, había amasado una fortuna a expensas de los contratos obtenidos con el Distrito a través de su empresa Geos Construcciones y de la intermediación de contratos.

Aquella versión coincide en buena medida con la que ofrecen ahora ex empleados de Geos que tuvieron acceso a los movimientos contables y financieros de la empresa y de los recursos personales de Tapia. Solo que, según ellos, los contactos no se dieron únicamente entre Cárdenas y Tapia, el ex embajador Marín Valencia también buscó a Tapia y obtuvo recursos de él. “Recuerdo incluso -aseguró uno de ellos- que en una ocasión se presentaron tensiones entre los dos porque don Emilio le entregó al doctor Marín al menos dos cheques girados contra una cuenta de Bancolombia en Bogotá, uno por $150 millones y el otro por $250 millones, y que fueron protestados por falta de fondos”.

El nombre de Marín cobra importancia en esta historia porque recientemente comenzó a figurar en el expediente de la indagación que la Corte Suprema de Justicia adelanta sobre la presunta participación del senador Iván Moreno Rojas, hermano del alcalde de Bogotá, en el denominado coloquialmente carrusel de la contratación. Un testigo referido por dos congresistas aseguró ante la Corte que una parte importante de los recursos públicos que se habrían fugado por el conducto de pagos de comisiones sobre los contratos se fueron a Miami a apalancar inversiones en el sector inmobiliario.

El mismo testigo -cuyo nombre no será revelado mientras el caso tenga reserva- fue más allá y dijo que el senador Moreno y su hermano el Alcalde habrían reservado para sí algunos de los apartamentos en proyectos encabezados por Marín y su socio Luis Cárdenas. Según sus afirmaciones, Marín y los Moreno conservaban una arraigada relación desde la época en que Iván Moreno se desempeñó como alcalde de Bucaramanga (2000-2003).

Dinero buscó al empresario y ex embajador Marín y le formuló las dudas que se ciernen sobre su conducta. Él aseguró que, si bien es cierto que tiene sociedades en Miami en el sector inmobiliario con Cárdenas Gerlein y con Saúl Campanella, otro de los mencionados en relación con el carrusel, jamás ha recibido un solo peso proveniente de contratos en Bogotá.

“Durante la época en la que se pinchó la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos -explicó- soporté una crisis y algunos de mis proyectos se vieron en peligro. Sin embargo, ni el senador Moreno, ni el alcalde ni mis socios aportaron dinero para la recuperación, sino que esta se produjo mediante recursos de fondos de inversión. Cualquiera puede consultar los libros y registros oficiales para comprobar que es así”.

Según Marín, sus sociedades con Cárdenas y Campanella han sido públicas y legales y la mención que se ha hecho de los nombres de estos en relación con el “carrusel” son, según sus palabras, “meramente coincidenciales y circunstanciales” (ver recuadro con su versión).

Más allá de dimes y diretes

El único sostén de las dudas crecientes no son estas versiones. Las autoridades ya tienen en su poder el contenido completo de un archivo en excel que recoge la memoria de una reunión celebrada en Miami el 6 de junio de 2010 en la que Tapia, Cárdenas y algunos contratistas del Distrito definieron sus montos de participación en los negocios. Este archivo, cuya existencia fue revelada por el diario El Espectador el pasado 13 de noviembre, resulta hoy clave para determinar cómo se concentraba el círculo de negocios irrigados con comisiones en Miami.

Varios de los vuelos a Miami para este tipo de encuentros se hicieron en un avión charter utilizado por Tapia. En 23 de los 51 vuelos realizados durante los tres últimos años, de acuerdo con los registros migratorios, estuvo acompañado por Cárdenas y varias veces por Campanella.

Las investigaciones judiciales sobre el tema parecen concentradas exclusivamente en el contrato de construcción de un tramo de la red de Transmilenio por la calle 26 que marcó el declive del grupo Nule. Sin embargo, la memoria de las reuniones en Miami indica que el espectro de negocios que giraron dentro del carrusel es mucho más amplio: el centro comercial Cielos Abiertos de San Victorino, Manzana 5 y el Parque de la Hoja, a cargo de la Empresa de Renovación Urbana (ERU), además de 27 proyectos dirigidos por el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) y la Secretaría de Movilidad.

La aparición de los nombres de Cárdenas y Campanella en este caso no sorprende tanto como la de Marín Valencia. Cárdenas ha sido un hombre cuestionado durante los últimos diez años por sus actuaciones en el círculo de la contratación pública. En 2000, Semana denunció que en su condición de socio de la empresa española Inassa consiguió, a punta de tráfico de influencias y esguinces al Estatuto de Contratación, la ampliación por 20 años de una millonaria concesión a la Triple A de Barranquilla, en la que la firma ibérica tenía intereses.

A raíz de los encartes judiciales en los que desembocaron los cuestionamientos, Cárdenas salió del país y se estableció en Estados Unidos y solo visita esporádicamente su natal Barranquilla y Bogotá para pasar revista a sus intereses.

Campanella, un empresario de origen colombiano que recientemente vendió sus empresas del sector de palma africana y su industria de aceites en la ciudad de Valencia al gobierno venezolano de Hugo Chávez, ha sido conocido por su estrecha relación con Emilio Tapia, otro de los llamados ‘zares’ de la contratación en Bogotá.

Marín, en cambio, ha gozado de reputación como empresario miembro de una destacada familia santandereana que se ha dedicado con éxito al negocio de la construcción. Aunque rompió amarras con la sociedad que tenía constituida con sus hermanos, a través del bien acreditado grupo Marval, siguió por su propia senda en los negocios en este campo.

Su relación de negocios con Luis Cárdenas no es reciente. Desde hace varios años han coincidido en diversos escenarios y actividades. Por ejemplo, antes de ser designado embajador en Venezuela, cargo que desempeñó entre 2007 y 2008, trabajó como embajador en Malasia entre 2002 y 2003. Su función diplomática coincidió en tiempo con la época en que Cárdenas era de los principales importadores de aceite de palma, que entonces no se producía en el país con la suficiencia actual.

Según amigos comunes, fue Cárdenas el que invitó posteriormente a Marín para que invirtiera también en el negocio de la palma.

Saúl Campanella, otro de sus socios, se mueve en el círculo de los mercados inmobiliario y financiero de Estados Unidos. En el portafolio de sus empresas ofrece asesoría para la creación de empresas offshore y para la colocación de recursos en paraísos fiscales.

Otro elemento sorprendente es la relación de negocios de Marín con Emilio Tapia. Según Marín, él le proveyó a Tapia unos servicios de maquinaria y equipo para la realización de obras públicas en Bogotá, encomendadas por el Distrito a la firma Geos Construcciones y eso explicaría por qué recibió de manos de este algunos cheques. Tapia ha dicho públicamente que la empresa Geos no es suya y que no tiene de manera directa contrato alguno con el Distrito. Dinero le pidió al ex embajador que le permitiera ver el contrato firmado con Tapia para la provisión de los servicios, pero rechazó la solicitud y dijo que se trata de un asunto privado del que solo informaría, llegado el caso, a las autoridades judiciales.

Marín toma ahora distancia de su socio, pero aun así está expuesto al molesto trance de dar explicaciones a los órganos que examinan los giros del carrusel de la contratación más allá de las fronteras colombianas.

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