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Noviembre 19, 2013

¿Y los usuarios?

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Written by: Metro en Bogotá
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Siempre la misma historia. En Bogotá, desde que el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) empezó a rodar por las calles —hace ya un buen tiempo, no sobra mencionarlo— los ciudadanos se han visto sometidos al laberinto kafkiano de las tarjetas y su uso. Que la verde y que la azul y que la roja.

En fin. Y, peor, que la una no sirve en una estación, la otra sí, y que los torniquetes… Increíble que la movilidad en la capital de un país se ahogue por semejantes insignificancias.

Transmilenio salió esta semana a dar una fecha límite para que, por fin, las empresas privadas encargadas del recaudo se pongan de acuerdo y logren la meta de que un sistema integrado de transporte tenga, también —¿y no es obvio?—, una forma única de pago. Pero de eso ya hemos oído harto.

Hemos oído suficiente: ¿cuántas veces Transmilenio no ha puesto fechas límites de lo mismo? Y no sólo la empresa.

En abril de este año la Procuraduría había hecho lo propio. Pero nada pasa.

De acuerdo con la última advertencia, la de Transmilenio, la cosa sería así: a partir del próximo 29 de noviembre todo bogotano podría moverse libremente por el SITP con un solo medio de pago. ¿Pasará? No parece tan probable.

Sobre todo por la resistencia de las empresas Angelcom (encargada del medio de pago en las fases I y II) y SAR (propietaria del software) a colaborar con la otra, Recaudo (tarjetas de Fase III y SITP). Así al menos se lee en un auto que la Superintendencia de Industria y Comercio profirió apenas iniciada esta semana, aventurando la teoría de que las dos primeras podrían estar violando el principio de buena fe comercial.

¿Qué fue lo que pasó? Al principio Angelcom se negó a darle a Recaudo unos datos para adelantar la integración y le dijo que mejor acudiera a la empresa SAR y le preguntara. Ésta dijo a su vez que para la entrega de los datos necesitaba información sobre la “ingeniería de detalle”, lo que sea que esto signifique. Transmilenio, como si se tratara de un profesor de colegio, tuvo que intervenir en ese tire y afloje para que, por fin, Recaudo obtuviera los datos que necesitaba. Lo dicho: un laberinto kafkiano. Qué vergüenza.

¿Por qué tenemos que vernos sometidos a presenciar un espectáculo como este? ¿No pueden las empresas adelantar el proceso con un poco más de seriedad? ¿Y no pensarán por un momento en los usuarios del sistema, los que se montan todos los días a él y pagan por un servicio que debería ser de fácil comprensión y uso? No. Si lo hicieran, no existiría tanta resistencia injustificable a la hora de hacer lo que es debido.

Todo esto luce como algo muy complejo de resolver, cuando no. La solución es sencilla y fue planteada por Transmilenio en julio (hace cuatro meses): que los torniquetes lean cualquiera de los medios de pago existentes. Fácil, ¿no?

¿Y cómo se hace esta operación? Permitiendo que la empresa Recaudo Bogotá entre a las estaciones de Angelcom para hacer el desarrollo del software en dichos torniquetes. Todos en el sector señalan que Angelcom ha impedido esta solución por empecinarse en la idea errada de que las nuevas empresas debían adaptarse a ella, por ser la primera. Y en eso se va el tiempo. No puede ser. Y no puede ser, tampoco, que se nos vaya el año corriendo fechas límites una y otra vez. No es justo con los usuarios. Algo más habrá que hacer —de más autoridad, de más impacto— para que la integración finalmente se dé. ¿O esperamos otro par de meses?

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2 Comentarios


  1. Gilberto

    Todos los sobre educados pasan el tiempo pensando cuales son los motivos por lo que el sistema no funciona, la respuesta es sencilla: “dinero en grandes cantidades para esta vida y para la otra vida tambien” mientras los usuarios seguimos pagando los platos retos”. Eso es todo manada de super educados


  2. que les cobren 100 millones diarios por cada dia de retraso en la unificacion del medio de pago. lo demas son cuentos.



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