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Junio 21, 2011

Fin de TransMilenio

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Written by: Metro en Bogotá

Preocupante el vaivén en que el Gobierno Nacional y la Alcaldía de Bogotá han puesto al sistema TransMilenio.

Hoy no se sabe a ciencia cierta si los bogotanos están asistiendo a un debate técnico sobre su viabilidad o a su entierro definitivo. No hay claridad sobre el futuro de la movilidad: ¿Metro? ¿Tren de cercanías? ¿TransMilenio? Tras ocho años de funcionamiento TransMilenio ha mostrado sus bondades. Lo reconocen hasta sus más acérrimos detractores. Actualmente, el sistema cuenta con una flotilla de 1.050 buses, que movilizan 1,5 millones de pasajeros al día a lo largo de 84 kilómetros de carriles exclusivos. Sin contar el cambio urbanístico para la capital. Tiene 76 por ciento de aprobación entre los usuarios y ha sido copiado en ciudades del país y de fuera de él. Con estos antecedentes, no se entiende que el sistema TransMilenio, que proyectaba la construcción de al menos diez troncales adicionales a las existentes, se paralice.

Las últimas tres administraciones le apostaron a su continuidad y los resultados saltan a la vista. Hay muchas cosas para mejorar: la frecuencia de los buses, la seguridad, el margen de utilidad para la ciudad, el servicio de rutas alimentadoras… Pero ninguno de estos argumentos justifica congelar el TransMilenio. Como tampoco lo es la demora en la chatarrización de buses, que permitiría aumentar la flota de los articulados. La suerte de TransMilenio pasa por las discusiones en torno a un Metro para la capital, tema que llevó a la Alcaldía a Samuel Moreno y que ahora se ve obligado a cumplir. Lo que nunca se le dijo a la ciudadanía es que el Metro podría significar el fin de TransMilenio.

Tampoco se le explicó que financieramente resulta casi imposible embarcarse en los dos proyectos al tiempo. Ahí es donde la pita comienza a enredarse.

¿Cuál de los dos sistemas conviene más? ¿Cuál resulta menos oneroso para la ciudad? ¿A cuál de los dos le apuesta el Gobierno? A juzgar por las declaraciones recientes, el presidente Uribe sigue respaldando en teoría al Metro, pero en la práctica preferiría que TransMilenio sea la prioridad. Para el alcalde Moreno, en cambio, lo relevante es el Metro porque los recursos para TransMilenio ya se agotaron.

Al final, todo se reduce a un asunto de disponibilidad de fondos, de prioridades y de manejo político. El Gobierno no puede ‘bajarse’ olímpicamente de su compromiso con TransMilenio. El mensaje sería pésimo: mientras respalda los sistemas masivos en otras ciudades, Bogotá, la que los inspiró y demostró su eficacia, se queda viendo un chispero. Y la Alcaldía, antes que sentenciar la muerte de TransMilenio, está en mora de definir la suerte del sistema. Hoy nada se dice sobre la carrera 7a., hasta el momento la más ausente de una solución a corto plazo. Y la más caótica en materia de tránsito vehicular.

La discusión no es de poca monta. La decisión que se tome hoy tendrá implicaciones de hondo calado en la estructura económica, política y social de Bogotá. En este sentido, deben primar la sensatez y la realidad técnica y financiera de una ciudad que, si bien ha demostrado un manejo ortodoxo de sus finanzas, no está para lanzarse a aventuras que puedan salir más costosas de lo imaginado. TransMilenio y Metro no son necesariamente excluyentes. Lo ideal sería que la ciudad contara con un sistema masivo de transporte público plenamente integrado. Se requiere de grandeza política, máxime en un tema tan vital para Bogotá, en el que no hay claridad, al tiempo que no se ve cómo desbaratar a corto plazo el nudo de la movilidad.

 

Fuente: eltiempo.com              Sep – 2008

 






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