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Noviembre 23, 2016

Sobrevuelo por la Van der Hammen, el escenario de una ‘guerra fría’

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Ni Bogotá se ha desarrollado hacia el norte ni el bosque de conexión existe. ¿Qué pasa? Informe.

Los bogotanos llevan todo este año inmersos en una ‘guerra fría’ entre supuestos amigos y enemigos de la reserva Thomas van der Hammen –en el norte de la capital– sin tener claro de qué se está hablando ni si lo que le dicen de uno y otro lado es verdad.

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El debate, incluso, ha tomado visos de enfrentamiento ideológico; han llovido epítetos para descalificar la posición de un contrario, se ha acusado a funcionarios de tener intereses en la zona, han rodado mensajes plagados de mentiras y se han cuestionado, incluso, los estudios que unos y otros exhiben para defender su posición.

 
 

El de flores es uno de los cultivos más comunes en la  Thomas Van der Hammen. Foto tomada el 17 de noviembre del 2016. Carlos Ortega / EL TIEMPO

 

Por eso, durante los últimos seis meses, periodistas de EL TIEMPO se dedicaron a desempolvar documentos, actas, acuerdos, decretos, resoluciones, libros, mapas, además de visitar la zona para aclarar mitos, desvirtuar mentiras y aflorar verdades sobre la realidad de una zona de la ciudad que tiene doce veces el tamaño del parque Simón Bolívar.

El especial que resultó de esa búsqueda tiene el propósito de entregar información de primera mano a los lectores sobre las distintas perspectivas del tema, ahora que comienza el debate sobre la modificación del trazado de la reserva que propondrá el Alcalde en el trámite del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la ciudad.

(Vea la infografía: La reserva que delimitó la CAR).

(Vea la infografía: La reserva que soñó Van der Hammen).

(Vea la infografía: La Van der Hammen de hoy en día).

(Vea la infografía: La propuesta de la Alcaldía).

(Lea: Defensores de la reserva actual)

(Lea: se puede combinar lo ecológico con el desarrollo)

(Lea: CAR explica en qué va la Van der Hammen)

Lo primero que deben saber los ciudadanos es que esta polémica comenzó en 1999, cuando el entonces alcalde Enrique Peñalosa propuso expandir Bogotá en los bordes norte y noroccidental (Suba y parte de Usaquén), en el trámite del POT, y que implicaba cambiar el uso rural o suburbano de esa tierra para volverla urbana.

Basados en los estudios del científico Thomas van der Hammen sobre la riqueza de suelos de la sabana, los ambientalistas rechazaron la propuestacon el argumento de que se acabaría con los recursos ecológicos de la zona. Esos reclamos tuvieron eco en la Corporación Autónoma Regional (CAR), que se negó a concertar la propuesta ambiental del Gobierno de Bogotá para el norte.

Tal como ordena la ley, cuando no hay concertación de los temas ambientales entre la CAR y los alcaldes, el asunto pasa al Ministerio de Ambiente, que en este caso decidió nombrar un panel de 12 expertos para que fueran ellos quienes recomendaran qué hacer con la expansión del norte. Del grupo hicieron parte el propio Van der Hammen y el reconocido arquitecto Rogelio Salmona, ambos ya fallecidos.

En el documento de nueve páginas que entregaron al Ministerio, propusieron la creación de una franja de conexión, restauración y protección entre los cerros orientales y el río Bogotá, con un ancho de mil metros y la categoría de área forestal protectora.

Usos distintos a la conservación ambiental en la reserva Thomas Van der Hammen. Foto tomada el 17 de noviembre del 2016. Carlos Ortega / EL TIEMPO

 

El panel buscaba que se convirtiera en una barrera para impedir la expansión urbana de Bogotá hacia el norte y se tomara la sabana. Los expertos estimaron que sería un bosque de protección de 1.500 hectáreas y que con esa medida se protegerían los recursos de flora y fauna de los humedales La Conejera, Guaymaral, los Búhos y Torca; el bosque Las Mercedes, las Malezas de Suba, parte de los cerros orientales y el cerro La Conejera.

El Ministerio acogió la propuesta y le ordenó a la CAR delimitar y fijar el plan de manejo de una franja de conexión, restauración y protección como área de Reserva Forestal Regional del Norte. Con esa decisión, el plan de expansión de Peñalosa no se pudo poner en marcha y el Ministerio le dio a la CAR un año para hacer efectiva la medida.

El segundo punto que deben conocer los bogotanos es que el cumplimiento de la orden del Ministerio se demoró 11 años, pues apenas el 19 de julio del 2011 la CAR expidió el acuerdo, y después pasaron otros tres años para definir el plan de manejo (acuerdo 21 de septiembre del 2014).

De hecho, en mayo del 2010, la Procuraduría le recomendó a la CAR no reglamentar la reserva porque si bien las resoluciones del Ministerio que lo ordenaban mantenían su legalidad, ya habían perdido el efecto de proteger el norte, como solicitaron los expertos, “superadas por la realidad de manera avasalladora”, porque en el “entretanto ha venido avanzando el deterioro de la zona”, y la propuesta del panel nunca se implementó.

La Procuraduría citó un estudio del Instituto Alexander von Humboldt, del 2008, y un informe de la CAR de abril del 2010, los cuales señalaban que el área de importancia ambiental en la zona era para entonces de apenas el 4 por ciento.

Al final, la CAR declaró una franja de 1.395 hectáreas como ‘Reserva forestal regional productora del norte de Bogotá’, una categoría distinta a la que ordenó por resolución el Ministerio: “franja de conexión, restauración y protección como área de Reserva Forestal Regional del Norte”.

Punto conocido como bosque Las Lechuzas. Foto tomada el jueves 17 de noviembre del 2016. Carlos Ortega / EL TIEMPO

 

El asunto es el cómo

El tercer punto que debe quedar claro es que en el debate sobre la Van der Hammen todas las voces, incluidos ambientalistas, arquitectos, desarrolladores y el Alcalde, coinciden en que hay que proteger los recursos ecológicos del norte. Pero difieren en cómo hacerlo y en si declarar una franja como reserva productora ha servido o no para lograrlo.

Respecto al cómo hacerlo, el Alcalde y sus funcionarios han insistido en que los estudios que usó la CAR para declarar la reserva recomendaban corredores ecológicos y no el trazado que esa misma entidad le dio a la zona. Así, proponen modificar el trazado y establecer los corredores ecológicos inicialmente establecidos. “Nosotros no pretendemos tener menos áreas de verde, pero sí necesitamos, y esa es la propuesta, armonizar el desarrollo urbano con la sostenibilidad ambiental, cumpliendo esos objetivos, pero permitiendo conectar Bogotá con la región”, explica Andrés Ortiz, secretario de Planeación.

La exsecretaria de Hábitat del anterior gobierno, María Mercedes Maldonado, no está de acuerdo con la modificación del trazado actual y argumenta que una reserva no se hace de la noche a la mañana y que reservar los predios, como se hizo con el trazado, es la manera de proteger un área que busca “conectar ecosistemas únicos en la Sabana para la conservación de la diversidad”.

Foto tomada el 17 de noviembre del 2016 en zona de la reserva Thomas Van der Hammen. Carlos Ortega / EL TIEMPO

 

Como ven, se trata de una ‘guerra fría’ de 16 años que se ha intensificado a través de las redes sociales, en donde ha radicado la mayor parte de la desinformación, cuando lo único cierto es que ni el bosque de conexión existe ni la ciudad se ha desarrollado hacia el norte. Entre tanto, la ilegalidad y la ingobernabilidad reinan en la zona de la reserva. Estamos como en 1999.

Razones por las que Peñalosa propone modificar la reserva

El alcalde Enrique Peñalosa ha dicho que quiere modificar el trazado de la reserva Thomas van der Hammen, en el norte de Bogotá, para poder construir vías que destraben la movilidad y garanticen transporte público de calidad. Quiere construir y extender la ALO, la Boyacá y la Ciudad de Cali, como vías para carros particulares y con troncales para TransMilenio, pero para hacerlo debe atravesar la reserva. Aseguró que prepara una propuesta que permitirá aumentar de 800 a 1.600 hectáreas de espacio público y ecológico en el norte, de uso público y sin costo para el presupuesto de la ciudad, pero garantizando la construcción de vivienda y el desarrollo sostenible del norte.

Explicó que su propuesta es mejor en términos ambientales porque se podrá hacer realidad la reserva del norte que hoy solo está en el papel, financiándola con recursos privados a cambio de derechos de edificabilidad y otras figuras.

Para el Alcalde, seguir promoviendo el uso del automóvil, con la construcción de baja densidad como está ocurriendo hoy en municipios de la sabana como Chía, Cota, Cajicá y Tocancipá, contribuye más al calentamiento global que modificar la reserva para realizar un proyecto que armonice los recursos ecológicos con el desarrollo y la necesidad de vivienda y transporte público en el norte y que le garantice calidad ambiental a la gente.

YOLANDA GÓMEZ TORRES
Editora EL TIEMPO

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