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Septiembre 7, 2015

Así va la lucha por la Alcaldía de Bogotá

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Written by: Metro en Bogotá
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Faltan 50 días para que Bogotá diga quién quiere que sea su próximo Alcalde. Decisión nada fácil en una ciudad con un escepticismo de casi el 70 por ciento. Sin un sueño que haya puesto a la mayoría a aventurarse en él. Con incuestionables avances en el campo social que se dieron al mismo ritmo con que se abandonó el desarrollo en infraestructura. Contradictorio en un mundo en el que cada vez más los centros urbanos reclaman esa simbiosis entre el ser humano y el espacio físico para generar bienestar.

Las encuestas y las alianzas le han puesto el picante que le faltaba a la contienda.

Las encuestas y las alianzas le han puesto el picante que le faltaba a la contienda.

Este es el panorama en el que se han movido las campañas. Poco a poco, la contienda ha adquirido dinamismo gracias a factores como unas propuestas más diferenciadas; con los expresidentes jugados por sus candidatos; con una campaña al Concejo que jalona el debate; con foros permanentes que tratan los más diversos temas, etc.

Con menos de 2 meses para que unos 5 millones de electores tengan la posibilidad de escoger al próximo gobernante de la capital, resulta interesante mirar los hechos políticos ocurridos en las últimas semanas y cómo estos podrían impactar para bien o para mal las jornadas que nos esperan.

Las encuestas

El primero de ellos han sido las encuestas, que están ahí para que cada uno las interprete como quiera: los perdedores repetirán que la verdadera encuesta se dará en las urnas, y los ganadores agradecerán el respaldo ciudadano.

Lo importante de los sondeos, sin embargo, es que permiten detectar tendencias en el electorado. Los últimos que se han publicado, por ejemplo, estarían revelando un estancamiento de Rafael Pardo (Liberal), lo mismo que de Pacho Santos (Centro Democrático); una caída de Clara López (Polo) y el ascenso de Enrique Peñalosa (Equipo por Bogotá). Sin embargo, el margen entre uno y otro sigue siendo relativamente estrecho, salvo en el último estudio del Centro Nacional de Consultoría.

Los cinco candidatos restantes no alcanzan a superar el margen de error.

Lo anterior deriva en otro hecho político que ha agitado las campañas: las alianzas, que aunque no son matemáticas a la hora de sumar votos, resultan decisivas si estas tienen origen en partidos o movimientos con una férrea disciplina que permita traducir adeptos en votos, como los cristianos, por ejemplo.

De las alianzas, la más sonora se produjo esta semana, con el respaldo de la exministra y excandidata presidencial Marta Lucía Ramírez y el Partido Conservador a Peñalosa (ya lo había hecho Cambio Radical). Ella le aporta la imagen de la mujer a una propuesta que necesita el voto femenino, que hoy acapara López. Pardo, por su parte, siguió sumando adhesiones, además de ‘la U’, de una fracción del conservatismo, sindicatos y el Mira. Y aunque se dio una disidencia liberal, hasta el momento no se sabe qué tan fuerte pueda llegar a ser.

Sin embargo, la apuesta más importante a estas alturas para el aspirante liberal es conquistar el voto de sectores de izquierda. Y nada raro que allí termine llegando el Progresismo (del alcalde Gustavo Petro), sectores del Polo (en el poder hace 12 años) y la Alianza Verde (hoy fracturada).

Con los dos primeros hay afinidad desde los tiempos de los diálogos de paz con las guerrillas, mientras que por el lado de los verdes todo indica que se dejará a sus militantes en libertad de escoger a quien prefieran. De hecho, así lo ha exigido la concejal Lucía Bastidas.

Síntoma de esa crisis que viven los verdes fueron las declaraciones del propio Antonio Navarro, al reconocer que el candidato de esa agrupación, Carlos Vicente de Roux, ‘no cuajó’. Y muchos creen que quien puede capitalizar esa situación es Pardo.

El riesgo de desear con ansias el voto de izquierda es que la gente pueda interpretar esto no como una propuesta de cambio para la ciudad, sino como una estrategia en donde quienes han disfrutado de las mieles del poder en la última década puedan seguir enquistados en la administración, a pesar de que el mismo Pardo ha insistido en que su idea de mantener algunos programas de beneficio social no significa que no tenga diferencias con el actual gobierno.

En ese plato político de una izquierda cercana a Pardo, quien podría terminar beneficiándose es Peñalosa, pues se queda como el candidato que representa el cambio que reclaman muchos sectores. El riesgo para él, no obstante, es que la campaña se derechice demasiado y que eso sea interpretado como el fin de una era de cambios sociales. El reto para ambos aspirantes es capotear tales conjeturas con milimetría política, sobre todo en una ciudad tan polarizada.

Santos no tiene alianzas a la vista. El candidato a derrotar, según él, es Peñalosa, pero no sabe exactamente cómo hacerlo, salvo el argumento de que el exalcalde ya está en su límite mientras él aún tiene espacio para crecer. Y una estrategia para alcanzar mayor reconocimiento es apelar a otras fórmulas, como la valla en la que le pide al elector que vote el 25 de octubre para callar al presidente Maduro. Claramente, lo que se busca es que ese día la gente convierta la elección de Bogotá en un plebiscito contra el mandatario venezolano y contra el propio presidente Santos, lo cual puede no ser conveniente, pues la gente lo que quiere es que se resuelvan los problemas de Bogotá, no los del país o los de Venezuela.

Y si Pacho Santos tiene a Maduro como el eje de su convocatoria, la izquierda, en cabeza del petrismo, tiene a la consulta antitaurina, con la que aspira a que miles de jóvenes enemigos de las corridas de toros acudan a las urnas y, por qué no, se animen a votar por Concejo y Alcaldía. No en vano Pardo y los demás candidatos ya anunciaron su respaldo a la consulta, porque saben que ahí puede haber votos cautivos.

Qué pasa con Clara

A juzgar por las encuestas, Clara López empieza a sentir el lastre de doce años de izquierda en el gobierno, el estigma del ‘carrusel’ de contratos en la pasada administración y la guerra sucia que le han planteado desde distintos sectores, incluyendo las redes sociales. “Soy objeto de matoneo por parte de algunos medios y de las redes”, ha dicho.

A ese karma se le suma un hecho que hasta ahora no es muy claro: la demanda por presunta ‘doble militancia’ que le hizo el sector liberal oficialista, en una jugada que pretende, si no sacarla del camino, sí generar un cisma para debilitar su aspiración y que sectores afectos a su causa prefieran otras opciones.

López cuenta hoy con el respaldo del Polo, la UP y Mais. Y no es claro aún –como sucedió con los verdes– que otras vertientes de izquierda en campaña, como el progresismo que encarna María Mercedes Maldonado, terminen en sus toldas. Difícil.

Bajo estas circunstancias y teniendo en cuenta que en materia política Bogotá siempre resulta ser una incógnita hasta pocas semanas antes de los comicios, varias cosas se van aclarando en el panorama.

Por ejemplo: que la izquierda, a plata de hoy, no luce sólida como en otros tiempos. La atomización de fuerzas, la presencia de otra candidatura más de centro izquierda (Pardo) y hechos como la reapertura de procesos disciplinarios contra concejales mencionados en el ‘carrusel’ o, incluso, los pronunciamientos ‘dubitativos’ del Polo Democrático frente a los atropellos de Venezuela, terminan yendo a la cuenta y el prestigio de López, que, hay que decirlo, ha condenado con vehemencia los exabruptos del país vecino.

Salvo por quienes aparecen demasiado rezagados en las encuestas, no se advierte en el panorama que algunas de las campañas punteras tengan intención de aliarse, como se pretendió desde el comienzo entre Peñalosa y Pardo o buscando una conjunción de fuerzas capaz de derrotar a la izquierda. Ya jugados y con posibilidades reales de triunfo, lo que podría quedar planteado para el elector el próximo 25 de octubre es una final entre candidatos del centro.

La pregunta es quién conseguirá interpretar mejor el sentimiento de los bogotanos hoy; quién seducirá a ese 15 por ciento de votantes que, en promedio, conforman el llamado voto en blanco y de indecisos; quién logrará persuadir el escepticismo de la gente bien por la vía de no polarizar más a la ciudad, como sostiene Pardo, o rompiendo paradigmas para dar un giro más contundente, como lo asegura Peñalosa.

Clara López sabe que vienen semanas difíciles y que tiene la misión de defender los logros de una izquierda que, como decíamos al comienzo, muestra resultados en el ámbito social pero mantiene una deuda con quienes consideran que el modelo de ciudad que se venía construyendo se abandonó o quedó truncado.

Y Pacho Santos, con un discurso cada vez más coherente, sabe que su misión será no solo revertir la tendencia de esas mismas encuestas que lo mantienen estancado en un promedio de diez puntos, sino sostener una aspiración que, si al final no consigue el premio mayor, sí permitirá que el otro gran objetivo del Centro Democrático se cumpla: tener una fuerza decisiva en el Concejo, tal y como ocurre hoy en el Congreso de la República.

Faltan pocas semanas para la cita crucial con las urnas, pero mucho todavía para decir que hoy se perfile un ganador absoluto. Vienen más encuestas, más foros y debates decisivos. De la habilidad y el cuidado con que cada campaña mueva sus fichas, sepa escoger los respaldos y convenza con sus propuestas, dependerá que tome la delantera. Y entonces veremos si vuelve a cumplirse la máxima de que quien empieza a puntear ya no lo detiene nada ni nadie.

El Tiempo

 

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