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Febrero 13, 2017

Buses sin luces / Voy y vuelvo

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Written by: Metro en Bogotá
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Lo confieso: tengo una batalla personal librada contra el transporte público. Pero no contra TransMilenio y su sistema de buses articulados. Sé que le sobran problemas, pero mal que bien funciona, al menos mucho mejor que el viejo sistema de buses destartalados e inhumanos, que colgaban a la gente en sus puertas, estacionaban donde les daba la gana, sucios y contaminantes.

Todas las críticas contra los buses articulados son válidas, pero muchas también injustas. Si la gente de verdad fuera consciente de que solo con hacer la fila las cosas podrían mejorar, en algo aliviaríamos el servicio y tendríamos razones más válidas para criticar.

Pero decía que tengo una batalla librada contra los buses viejos que aún circulan por la ciudad. Particularmente, los vejestorios del SITP provisional e, incluso, algunos azules, que se nota a leguas fueron adaptados para que cumplan una función que garantiza todo menos la seguridad de los pasajeros. A diario se les ve varados, accidentados, violando normas y –me enteré recientemente– no estarían recogiendo pasajeros porque como los conductores ya no viven del pasaje, pues les da lo mismo llevarlos o no llevarlos. Ojalá y no sea cierto esto.

 
 

No es concebible que Bogotá siga teniendo este tipo de transporte viejo, obsoleto y contaminante rodando por sus calles. No se le puede pedir a la gente que se baje del carro particular si para quienes hemos optado por la bicicleta no hay garantía de que tendremos un mejor aire para respirar o un servicio que haga mínimamente agradable usar el transporte público.

No es concebible que las carcachas de microbuses provenientes de Soacha y municipios al occidente de la ciudad rueden a sus anchas por la capital sin que nadie controle el estado mecánico de estos adefesios, ni el grado de contaminación que generan ni la calidad del servicio que prestan. Por el contrario, han decidido invadir la ciudad y colocar paraderos ilegalmente, en zonas como la rotonda de la calle 80 con avenida Boyacá, y que armen trancón, pongan en peligro a los usuarios y no pase nada. Todos sabemos dónde están, nos indignamos, exigimos explicación, y hasta ahí llega el tema. Les pregunté a un par de policías por el tema y me respondieron: “lo que pasa es que esa es otra jurisdicción (?). Y después le piden a la gente que colabore, que participe, que ayude a la ciudad. Y a quienes lo hacen, ¿cómo nos ayudan?

Pero eso no es todo. Desde hace años he notado que los buses SITP provisionales, decidieron andar sin luces en la noche. Así como lo oyen. Yo sé que muchos de mis lectores los han notado. Escasamente dejan encendida la luz de la paleta con el recorrido, pero a los conductores les importa un bledo andar a oscuras, cuando la visibilidad se reduce y hay peatones, ciclistas y motos por doquier. Luego suceden los accidentes, y ¿quién les va a reclamar?

En el periódico Reforma, de México me encuentro con que allá sucede lo mismo. Los llamados micros andan no solo con las luces delanteras apagadas sino también las interiores. Esto, sin duda, facilita aquí y allá los atracos, que la gente se cuele o que los mismos conductores no estén atentos a los paraderos. Pregunto: ¿para qué lo hacen?, ¿para ahorrar batería?, ¿para evadir normas?, ¿para reducir recorridos? Ignoran estos conductores que no llevar luces de disposición, frenado o direccionales les puede acarrear una multa cercana a los 700.000 pesos.

Las autoridades harían maravillas si hicieran operativos de este tipo. Por favor, que alguien controle los paraderos ilegales y los buses a ciegas que invaden la noche.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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