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Octubre 5, 2016

Editorial Vuelve y Juega

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Written by: Metro en Bogotá
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Con la apertura de prepliegos para los estudios y diseños de lo que será la nueva troncal de TransMilenio por la carrera 7.ª –la vía más emblemática de Bogotá–, comienza una nueva apuesta por la movilidad. O mejor, se retoma un proyecto que para muchos debió ejecutarse hace no menos de 15 años.

Fue en las horas finales del mandado del entonces alcalde Lucho Garzón cuando se dio vía libre a la licitación de las troncales 10.ª y calle 26. Sin embargo, la primera no incluyó el tramo de la 7.ª entre calles 32 y 170, como aconsejaba el plan maestro. Los gobiernos sucesivos tampoco consiguieron sacarla adelante.

La nueva apuesta por una troncal de TransMilenio sobre la 7.ª debería ser la última. Han pasado más de quince años sin una solución definitiva.

La nueva apuesta por una troncal de TransMilenio sobre la 7.ª debería ser la última. Han pasado más de quince años sin una solución definitiva.

El de la 7.ª es uno de los corredores más estratégicos de la capital: conecta el centro con el extremo norte, en ella convergen decenas de vías secundarias y en su entorno se ha generado un desarrollo urbanístico sin precedentes. Se estima que unos 22.000 pasajeros hora se movilizan cada día por la avenida.

Tras la frustrada troncal de Garzón, los gobiernos de izquierda que se mantuvieron al frente de la ciudad elaboraron un popurrí de ofertas de lo que debería ser el futuro de la vía. Se habló de una línea de metro pesada, de un TransMilenio light, es decir, sin las estaciones ni el mobiliario que lo caracterizan, más angosto y económico. Luego se planteó un corredor verde que incluía el respaldo de la banca multilateral; y más tarde, un tranvía, para finalmente terminar en un carril preferencial para buses híbridos que en la actualidad nadie respeta. Y para todo ello se pagaron multimillonarios estudios.

El resultado es que hoy las cosas siguen igual: un excesivo parque automotor, contaminación, alta tasa de accidentabilidad, sin ciclorrutas ni zonas de descargue. Eso sí, la densificación se mantiene.

Ahora el alcalde Enrique Peñalosa anuncia que revivirá el TransMilenio por la 7.ª. Ya cuenta con recursos aprobados por el Concejo para tal fin, vía cupo de deuda. La troncal iría de la calle 32 a la 200, en un tramo de 19,1 kilómetros; tendría 21 estaciones, dos pasos deprimidos, andenes rehabilitados y espacio para ciclistas, y su costo ascendería a 1,8 billones de pesos.

La iniciativa hace parte del paquete de obras con que el mandatario pretende poner al día a la ciudad en materia de movilidad. Y no cabe duda de que una de las prioridades es este trazado del nororiente capitalino, que alivianaría el viaje de miles de personas y permitiría crear conexiones con otras troncales, como la Caracas y autopista Norte.

La decisión estaba en mora de tomarse. Y debería ser la última, luego de la seguidilla de ensayos sin éxito. Ya son 15 años en espera de una solución definitiva, y lo deseable es que esta sí se dé, por el bien de los bogotanos y de un sistema que realiza 2,2 millones de viajes diarios y tiene que ser completado.

Finalmente, no estaría de más que el Distrito tenga en cuenta las recomendaciones que desde ya surgen en distintos sectores, entre ellas que no se gasten más recursos en algo incierto, que el diseño conjugue las características de una troncal con el entorno –como su cercanía con los cerros– y que exista un estricto plan de manejo del tráfico para que los trabajos no colapsen la ciudad.

El Tiempo

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