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Junio 27, 2016

¿ES EL METRO EL FUTURO?

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Por: Javier Ardila @derjavi

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A pesar de tener muchas vertientes, el debate en torno a la construcción del metro en Bogotá parece haber logrado unir a casi todos en un solo punto: hace falta construir un metro en Bogotá. En esto están de acuerdo tanto el gobierno nacional, casi todos los partidos políticos, la mayoría de los ciudadanos de a pie e incluso, el mismo alcalde Peñalosa ha tenido que ceder. Si bien parece haber un acuerdo universal en este aspecto la decisión no es tan trivial.

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En buena parte este acuerdo es un reflejo de las ansias de modernidad de Bogotá como ciudad, la cual muchos consideran se encuentra rezagada frente a las demás capitales suramericanas por no decir, las grandes urbes mundiales. Pero la razón por la que traigo esto a colación no es porque diga que no se deba hacer el metro o que el Transmilenio sea mejor, ni del mismo modo en el sentido contrario. El punto que quiero dar es que toda la ciudad parece estar embelesada con la idea de que los metros y el transporte férreo están engarzados con la modernidad y el futuro, pero en realidad nada nos garantiza esto.

Por ponerles un ejemplo déjenme les cuento que en comparación con las grandes capitales del mundo, previo al Bogotazo, Bogotá contaba con una red de transporte publico digna de comparación con algunas otras capitales de mundo. En aquel entonces además de una red de tranvías con una extensión comparable a la de muchas ciudades europeas de la época había una red de ferrocarriles que conectaban los pueblos cercanos en la sabana, haciendo las veces de un tren de cercanías similar al llamado “tren rápido” en Alemania.

Sin embargo luego de los eventos del 9 de abril, durante la Administración de Fernando Mazuera, se decidió que el futuro no tendría nada férreo, sino que serían los autobuses y las autopistas la infraestructura encargada del transporte público. Es así que se desmontó el tranvía y se abandonó a su suerte el servicio férreo de la sabana, el cual paulatinamente cayó en desgracia.

Ahora, frecuentemente se nos hace creer que esto sucedió por la enquistada corrupción o la pobreza tanto de medios como de política de nuestras administraciones. Sin embargo hace poco conocí un caso muy particular con muchas similitudes: el desmonte de los tranvías en Berlín Occidental (la capitalista). Casi en concurrencia con el de Bogotá, este suceso ocurrió durante los años 50 y 60, y se dio luego de que se tomará la decisión de que el futuro era el automóvil y las autopistas, cambiando tranvías por autobuses y avenidas más grandes. Si bien la destrucción de Berlín luego de la segunda guerra mundial fue mucho mayor que la de Bogotá luego del Bogotazo, el desmonte fue algo orquestado y no obedeció a las consecuencias de la guerra. Esto se evidencia porque la parte de la red que se encuentra en el este de la ciudad fue mantenida por el gobierno socialista de la RDA en toda su extensión, al punto que al día de hoy la manera más fácil de saber que uno se encuentra en el antiguo Berlín del este es escuchar el paso de un tranvía.

 http://www.berlin-mauer.de/videos/einstellung-tramverkehr-in-west-berlin-575/

Ahora, mi objetivo con esto no es otro sino mostrar que verdaderamente no se sabe, ni se puede prever con total certeza, cual será la manera preferida de transportarnos en el futuro. Mucho se puede criticar respecto a la decisiones de desmontar el tranvía en Bogotá y Berlín occidental, pero no se puede negar que estas tienen al menos en algún grado un componente bien intencionado y de deseo de modernidad, igual que el deseo que hoy nos embarga. El riesgo radica en que el futuro es una pagina en blanco, y con tecnologías innovadoras sumadas a dinámicas poblacionales como la gentrificación, hoy día no podemos saber si en 50 años no solo el metro sino Transmilenio también queden obsoletos y tengan que ser desmontados. Concluyo con decir que en mi opinión es claro que el metro hay que hacerlo, como dice la canción de Juan Luis Guerra, cerremos nuestros ojos y sigamos nuestro destino, que ya da pena toda la alharaca que hemos hecho durante los últimos 50 años para que al día de hoy nos hayamos puesto de acuerdo ni por donde va.

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