Metro en Bogotá | Movilidad en Bogota
Metro en Bogotá

DESTACADAS

Mayo 11, 2015

Hay que cerrar el ciclo mamerto en Bogotá

More articles by »
Written by: Metro en Bogotá
Etiquetas: ,

Hace doce años, muchos bogotanos empezamos a creer que estábamos viviendo en una ciudad a la que no le faltaba mucho para ser un Buenos Aires, en cultura, en espacios urbanísticos, en mentalidad, en cosmopolitismo, calidad de vida…

Estrenábamos un Transmilenio eficiente por la Caracas, sin vendedores ambulantes y con puestos preferenciales; también unas fantásticas bibliotecas, unas ciclorrutas bien trazadas que circundaban y embellecían ambientes muy deteriorados como los canales de la 80, de la 170; uno se sentía en otro país al llegar al hermoso humedal de Juan Amarillo. Habíamos aprendido a amarrarnos el cinturón de seguridad en el carro y a ver cómo los automóviles ya no se estacionaban sobre los andenes. Estábamos empezando a usar las cebras y los puentes peatonales.

En menos de diez años todo eso se vino a pique y la ciudad volvió a ser ese sitio que nos daba un poco de vergüenza mostrar a los foráneos en los años 70 y en los 80; ese sitio en el que uno hablaba del “segundo puente” o del “tercer puente” como referencias, pero que en el fondo eran la confirmación de que no había más viaductos ni pasos elevados. Cuando yo estaba en el colegio y en la universidad siempre me llamó la atención que al preguntarles por su origen geográfico a los demás, los bogotanos respondían que eran de aquí, y acto seguido muchos añadían “pero mis papás vienen de…”

Sin duda, Mockus y Peñalosa le devolvieron la dignidad a Bogotá con cultura ciudadana y con obras de infraestructura integrales e incluyentes, pero sobre todo con un proyecto ambicioso y claro de ciudad.

Era tan fuerte esa dinámica que pareció una gran noticia la llegada de Luis Eduardo Garzón a la Alcaldía, y voté por él. Por dos cosas: una, era esperable que un hombre de izquierda le añadiera un impulso extra a la gestión social y un esfuerzo vigoroso para disminuir esa fractura que vivimos de dos ciudades de espaldas, una mirando al norte y la otra al sur, que no guardan relación ni equivalencia.

La segunda era una esperanza personal: una de mis más profundas convicciones es que el país necesita con urgencia una izquierda fuerte, con vocación real de poder, con la oportunidad de mostrar sus aptitudes, sus visiones, sus compromisos, obviamente dentro del marco de una política moderna, transparente y eficaz. Creo que todos ganamos con una izquierda que le haga un verdadero contrapeso a la lánguida centro derecha, transaccional y acomodada que nos ha mal gobernado hasta hoy, y a la ultraderecha siniestra, agazapada por décadas, y ahora desembozada, histérica y desafiante. Pero, lo importante de verdad, todos ganamos si se consigue demostrar con hechos y ejecuciones que en la izquierda hay opciones muy distantes del modelo forajido y criminal de la guerrilla.

Garzón gobernó acaballado en la dinámica que traía la ciudad y, confieso, aún no me queda claro qué tan bueno o malo fue. Luego vino la experiencia nefasta de Samuel Moreno instalando una empresa criminal desde el poder, con el objetivo único de enriquecerse. Admito con vergüenza que también voté por él.

Ya eran ocho años de gobiernos del Polo y la ciudad iba en picada. Sería ingenuidad o torpeza imperdonable, pero entonces decidí votar por Petro. ¿Qué mejor lección para Colombia que un ex guerrillero gobernando en el segundo cargo del país y haciéndolo con excelencia. Además, había sido un senador interesante, valiente, y parecía un hombre probo. Advertían que era cabeciduro y autócrata, pero algo de autoridad no le iba a caer mal a una ciudad donde todos hacen lo que les viene en gana.

Me molestó que María Isabel Rueda, a la semana de su estreno como alcalde, ya estuviera llamando a hacerle oposición y porque sí. También que el uribismo se encarnizara contra él desde el principio. Sin embargo, me alertó que a los tres meses saliera Navarro de su gabinete; que al año se metiera tercamente a manejar las basuras con volquetas, que a los dos años le diera el contrato de la máquina para tapar los huecos de las calles a un actor de Tv que ni siquiera es buen actor, y que ese mismo año utilizara Canal Capital, con Antonio Morales llamando a la “primavera bogotana”, para no dejarse sacar de la Alcaldía por un fallo dudoso del gran inquisidor don Alejandro Torquemada. También me hizo sonreír varias veces con los “globos” que lanzó al aire como el de construir vivienda estrato uno en medio de los edificios de El Chicó.

Hoy, cuando me subo a Transmilenio y constato que en cada estación entra un ambulante con la misma cantinela miserable, que en las noches es imposible utilizar ciertos vagones por el hedor de los indigentes en los asientos azules, o mientras observo las hordas de colados ingresar a la brava por las endebles puertas de cristal (son 70 mil infractores al día, lo cual implica una pérdida de $ 40.500 millones al año), o cuando veo que los ponen a hacer planas al ser pillados en flagrancia; o cuando paso por la 26 y allí siguen las espantosas plataformas para la fallida ampliación del Parque de la Independencia (aunque un Tribunal permitió al IDU seguir con esas obras), o cuando recorro Chapinero o La Candelaria o el Parque de los Periodistas o Los héroes, y noto que no queda un solo muro en buen estado porque un puñado de grafiteros los vandalizó y no con algún asomo de arte o de ingenio o de inconformidad política sino con meros mamarrachos en una fiebre esquizofrénica por afear todo, por darle una estética horripilante a la ciudad… hoy cuando veo todo eso me reconozco culpable de haber votado por este pésimo alcalde.

El problema no es que Petro sea terco ni autócrata. Menos, arrogante. Lo es, pero no sería grave si fuera un buen administrador, un gerente eficaz, un hombre con un proyecto claro de ciudad y no un fabuloso improvisador, un gran demagogo y antes que nada un tipo perplejo e indeciso ante la magnitud del fenómeno de la pobreza.

Él considera estar trabajando en su disminución dando permiso para lumpenizar cada esquina y el Transmilenio todo, porque según él es un gran logro que los indigentes monten en bus. Señor alcalde, esos informales que se suben a vender al sistema no están saliendo de pobres; están eternizando su agonía y ayudando al índice mentiroso del desempleo en el país. Señor alcalde, que los indigentes accedan al transporte público no los libra de su estado terminal, de su degradación extrema, y a cambio, sí martiriza a millones de ciudadanos.

El daño a la ciudad está hecho y será titánico para el siguiente alcalde reversar muchas cosas. No obstante, el perjuicio político es mucho mayor porque la izquierda no solo dilapidó doce años sino que volvió a demostrar que la justicia social consiste en nivelar las cosas por lo bajo; que más importante que reducir el número de pobres es reducir el de los ricos; que por existir pobreza, la ciudad completa debe lucir deteriorada, por solidaridad, por pudor, por no sé qué. Y esto es particularmente grave porque, si todo sale bien en La Habana, en un par de años tendremos una primera camada de ex guerrilleros queriendo hacer política (enhorabuena, por demás) y el experimento bogotano de tres alcaldes fallidos jugará en su contra. El mejor ejemplo del daño en la política es que esta ciudad que siempre mostró más independencia y cultura política que el resto, viró peligrosamente a la derecha el año pasado y le dio al uribismo cinco representantes de los 18 (casi la tercera parte) de la Cámara para Bogotá. Aquí también ganó Zuluaga y ganó bien, algo que nunca consiguió Uribe en sus dos elecciones.

Desde que tengo uso de razón he votado por los candidatos de la izquierda o por los independientes. Es un acto de fe en el que casi siempre pierdo mi voto pero libro mi conciencia. Esta vez, sin embargo, no lo voy a hacer. Hay que castigar a esta izquierda menesterosa que despilfarró una oportunidad histórica y nos devolvió a la Bogotá de los años 70. En mi caso, la única posibilidad de votar por Clara López sería la amenaza real de que Francisco Santos gobierne la ciudad. Él no es un mal tipo pero su grupo y su jefe representan hoy por hoy la peor política de este país.

El Tiempo

Notas Relacionadas






Un comentario


  1. David

    Siendo sinceros, la mejor de las mejores opciones que se ven entre los candidatos, es Peñalosa que quedara de alcalde sería perfecto si a esto sumamos que Petro deje abierta o firmada la licitación del Metro subterraneo, pues es lo único que hace caer a Peñalosa, su horrible, nefasta visión acerca del metro, pero hay que admitirle que el tipo fue el que más espacios públicos le dio a la ciudad durante su alcaldía, sumada a la de Mockus, además de que sin duda mejoraría el cáos en Transmilenio,(su amor platónico)



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *