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Diciembre 12, 2016

La Bogotá de uno, la Bogotá de otros…

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Written by: Metro en Bogotá
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Se dice que Bogotá es una ciudad de muchos y al mismo tiempo la ciudad de nadie,  la ciudad más multicultural de Colombia, pero también la más contradictoria, la ciudad de las oportunidades, pero también una urbe con enormes desigualdades, la ciudad diversa y cosmopolita, pero también la de las fronteras invisibles. Bogotá está llena de recuerdos, imágenes, olores y sonidos, que han ido creando una historia a través de las generaciones, ha crecido y ha cambiado mucho. Ahora mismo, en estos tiempos  que se discute de la expansión en dirección al norte aun comprometiendo las reservas naturales y sus riquezas -que para muchos lo son y para otros no-, es justo hacer un alto en el camino para revisar cual es la actitud que estamos tomando hacia Bogotá

Esta semana durante una charla familiar con uno de mis primos familiares que llegaron de Santander y Boyacá en los años 60  me contaban con nostalgia la manera en que se había transformado Bogotá, como su arquitectura, su trazado urbano, sus calles, alamedas y parques se modificaron, algunos de manera definitiva.

Hoy, la capital es una ciudad distinta, invadida de personas totalmente ajenas al espíritu de una ciudad señorial, sencilla, atrayente y sugestiva como pocas como la ciudad que mis familiares de los años 60 encontraron.

Otro tío comentaba como Bogotá ha perdido su antigua belleza. Contaba jocosamente como pasamos de ser la “Atenas” a la “tenaz” suramericana… También entramos en la constante diatriba sobre las regiones del país: Que los paisas administran mejor, que los costeños son más amables, que los santandereanos más trabajadores, que en mi pueblo se hace así en mi región de esta manera, las diferencias del campo y ciudad …Le respondí si tuviéramos algo más de sentido de pertenencia y civismo las cosas serían muy diferentes. Al leer esto suenan “palabras de cajón”; Por supuesto no pido que los bogotanos tengan la misma apreciación por su ciudad tanto como la tuvo Borges por Buenos Aires, Pérez-Reverte por Madrid o Pamuk por Estambul. Esto nunca  fue tan hermoso como París o Florencia ni tan cosmopolita como Nueva York pero si reconozco que al momento de ellos llegar a la capital sus habitantes disfrutaban de una urbe más decente y tranquila. La urbe que conservaba su arquitectura colonial y republicana, la de los paseos los fines de semana a Fontibón, el pueblo de Suba y Usaquen. La de caballeros elegantes vestidos en traje de etiqueta y de buenos modales. La Bogotá de los trenes y ferrocarriles que partían desde la estación de la sabana. No obstante, hoy las cosas han cambiado. La ciudad ha alterado su aspecto considerablemente. Además, ninguno de sus gobernantes recientes se ha preocupado mucho por construir una ciudad auténticamente vivible. Las vías, los puentes, los centros comerciales, la pobreza, la movilidad, pero sobre todo la corrupción infinita…predominan  como tema de conversación pero en ninguna parte se sobre las buenas cosas de la ciudad, Y como sobre las posibilidades que aquellos habitantes venidos de afuera han encontrado (entre los cuales hay muchos miembros de mi familia) en esta ciudad

Como muy  buenos interlocutores ellos seguían cavilando sobre la mejor forma  de hacer  crecer a Bogotá construyendo más avenidas, levantando más conjuntos de apartamentos, mejorando un sistema de transporte, construyendo el metro, etc… en fin un sinnúmero de buenas propuestas….

Yo les respondí que asumiendo un poco más de sentido de identidad y pertenecía las cosas podrían mejorar. Dando ese granito de arena, de solidaridad, civismo y respeto por el otro, la calidad de vida en la ciudad subiría y el bienestar general de los ciudadanos se incrementaría

Luego hablamos sobre los tipos de Colombianos, los del campo y los de la ciudad.  Y les dije  que para construir una sociedad diferente y más incluyente, debemos ser todos participes activos en este complejo tejido humano que compone este país.  Llegará algún día en que los habitantes de la ciudad dejemos de tener tantos prejuicios y discriminación sobre lo rural, así como los del campo tendrán el conocimiento a la mano para saber que venir a la ciudad no es agarrar el paraíso con las manos. Que hay que creer y tener fe en lo que se tiene acá y no buscar afuera tantos modelos culturales utópicos  Les dije que creía en otro país… distinto y que había dado el SI a la Paz también que era muy  importante salir del aislacionismo cultural que viven los habitantes de las grandes urbes del país. Quién quita que en un futuro cuando las cosas hayan mejorado verdaderamente los bogotanos sean quienes van a buscar oportunidades afuera y quienes llegan realmente sientan una real pertenencia por la ciudad…

La reunión familiar siguió amenamente hasta el amanecer, charlando puntos controversiales como los hay en todas las familias, siempre de manera fraterna y amable

Yo también me dije a mi mismo: amanecerá y veremos

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