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Agosto 1, 2013

La defensa del peatón: una apuesta por la sostenibilidad urbana

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Written by: Metro en Bogotá
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Un movimiento ciudadano, “Cebras por la Vida”, trabaja para que la ciudad proteja y trate de manera digna al peatón. Con arte y recursos propios, estos activistas le apuestan a que con su mensaje la autoridad de la ciudad asuma un liderazgo y que todos, gobierno, organizaciones y ciudadanos, ataquemos de frente un problema que deja casi una víctima mortal al día. Hablamos con German Sarmiento, líder de esta iniciativa, que por lo pronto ya ha tenido eco en la Veeduría Distrital.

peatones bogota

 

peatones bogota 1peatones bogota 2Germán Sarmiento

Qué es y cómo nace la iniciativa?
La iniciativa se llama “Cebras por la Vida” y el nombre se deriva de una actividad que hicimos hace algún tiempo con el colectivo paisa La Ciudad Verde que se llamaba “Bicis por la Vida”, y que consistió en pintar bicicarriles en distintas ciudades de Colombia, de forma simultánea en una jornada. Desde que incursioné en el tema de ciudad, hace unos tres años, le he dado mucha importancia al lugar del peatón en la ciudad. Hay que verlo de una manera estratégica para que la ciudad nos funcione a todos. Aquí el peatón es invisible y es un actor que requiere atención en muchos detalles de la ciudad: señalización, andenes, aspectos culturales. Las carencias se notan en aspectos simples y cotidianos como no darle la vía al peatón en los cruces, el parqueo de vehículos sobre los andenes, y la falta de respeto a los lugares señalados y destinados para personas con discapacidad.

¿Por qué el peatón es un actor crítico en la ciudad?
El peatón es una persona que nos obliga a ponernos en los zapatos del otro, porque al fin y al cabo todos somos peatones. En algún momento quien maneja un carro va a tener que dejar su vehículo y va a tener que enfrentar la ciudad como peatón. Y en esta ciudad se le trata como a un ciudadano de segunda. Eso se nota en su misma actitud: es un actor sumiso, es un actor miedoso, es un actor que le toca andar a la defensiva porque no solo no le dan vía, sino que incluso muchas veces le echan el carro encima. Eso se aprecia en la mirada temerosa del peatón, que cruza con sobresalto porque sabe que cuando el semáforo cambie a verde para los carros tiene que salir corriendo.

¿Por qué la causa del peatón y no otra más taquillera?
Yo tengo un blog que se llama “Miblogota” (www.miblogota.com) y me he dedicado mucho a escribir sobre la experiencia de la ciudad vivida a través del lente del ciudadano de a pie. Trato de rescatar principios tan sencillos como: primero las personas y después los carros, llevar temas que están escondidos y sacarlos a la luz para que hagan parte del debate urbano, entre ellos el tema del peatón. Detrás de esta iniciativa existe una crítica fuerte a la gestión del gobierno de la ciudad en términos de que cosas tan sencillas como tener la señalización vial en buen estado es algo que no se está haciendo. Y así como esto, existen muchísimos detalles que le competen al gobierno de la ciudad. Lo que vemos es que no hay una gerencia de la ciudad, no hay una acción proactiva y sistemática de mantener la ciudad en buen estado. Y eso es importantísimo por un tema de autoestima, pero en el caso concreto del peatón el tema de la señalización no es algo accesorio. Las cebras no están de adorno, cumplen un rol práctico que es proteger la vida de las personas.

 

“El peatón es invisible en Bogotá y se le trata como a ciudadano de segunda”
¿De qué tamaño es el problema?
Hay estadísticas de accidentalidad vial alrededor de muertes de peatones. En Bogotá muere casi un peatón al día. En 2012 murieron 296 peatones. Son unas cifras significativas. Además, se presenta un promedio de 14 atropellados diarios. Y lo que sí resulta claro es que se requiere mejor y mayor acceso a la información sobre la accidentalidad vial. Para que la información que se recoge sobre este tema sirva de algo. Lo que uno encuentra es un acceso bastante restringido a esa información y que desde el mismo gobierno e incluso los medios de comunicación se trata con ligereza estas cifras sobre accidentalidad vial. No se conoce bien la tendencia, pero uno supondría que las cosas se mantienen, porque no se registran mayores avances de las autoridades para atacar el problema.

¿Cuántas jornadas y en qué sitios se han hecho intervenciones?
Hasta el presente se han realizado tres acciones de “Cebras por la Vida”. La primera se cumplió en el eje ambiental de la Jiménez, en la rotonda cercana a la Universidad de Los Andes, haciéndole un homenaje a un hueco gigantesco que era lo único que protegía al peatón, en una zona con clara vocación peatonal. Lo curioso es que las autoridades no hicieron nada en materia de señalización peatonal, pero hicieron el reparcheo de la vía para que los vehículos pudieran transitar sin mayor obstáculo. La segunda actividad se realizó en la carrera 11 con calle 87, que es un cruce crítico en lo que corresponde al parque lineal El Virrey y que es una zona con una vocación peatonal clarísima, pero que está totalmente desprotegida para el peatón en términos de señalización, de reductores de velocidad, etc. La última la realizamos en abril pasado, en la calle 72 con carrera 9. Escogimos ese lugar porque pertenece al corredor de la 72, que tiene un flujo peatonal enorme, y que concentra una población flotante altísima todos los días con miles de ciudadanos que llegan allí para trabajar. Nos pareció un lugar simbólico, donde además la cebra estaba en mal estado. Una cosa importante de esta actividad es que el lugar donde se hace debe ser pertinente. El lugar evoca unas necesidades y es importante porque eso fortalece el mensaje.

¿Los colores y el diseño cumplen aspectos técnicos?
No es un tema técnico. Seguramente un técnico de movilidad le pondría reparos. Pero con el diseño y el colorido se buscan dos cosas: imprimirle un sello ciudadano, darle una expresión ciudadana con los colores, invitar a la gente a interactuar de una manera amable, a través del arte, alrededor de un problema serio que tiene esta ciudad. Se ve bonito, la gente lo agradece y lo aprecia. Frente al otro tema, el uso de colores vivos, ocurre que en Bogotá hemos venido perdiendo la sensibilidad por las señales de tránsito tradicionales: la cebra blanca nadie la respeta, el pare, aunque todo el mundo sabe qué es, nadie lo respeta. Y los semáforos en rojo cada vez se respetan menos. El hecho de que nuestras cebras tengan diferentes colores sirve como invitación para que la gente reaccione de una manera distinta a la señalización.

¿Cómo está ligada la campaña al concepto de cultura ciudadana?
Remembrando anteriores administraciones que impulsaron el tema, nuestra iniciativa hace pedagogía a través de vivir la experiencia. De eso se trata un poco la iniciativa de salir a pintar una cebra. La experiencia, para las personas que participan en la actividad, les reporta unas emociones bastante fuertes. Y también va muy ligada al tema de lo simbólico, pues no hay nada más simbólico en la protección del peatón que la cebra. No hay nada que se reconozca más como propiedad del peatón que las cebras en los cruces, dentro de lo que es la señalización vial. El punto es generar reflexión a través de lo simbólico, porque entendemos que nuestro papel no es reemplazar al gobierno en sus deberes. Esto es un acto de comunicación que busca llamar la atención de las autoridades y de la ciudadanía alrededor de la problemática y lograr que de parte y parte exista una reacción frente al tema. El objetivo final es educar y enseñarle a la ciudad de Bogotá la importancia que tiene para una urbe la priorización del peatón, que se le respete y cuide, porque eso dice mucho sobre la sociedad en la que vivimos. Cuando impera una cultura de respeto al peatón se mejora la energía de la ciudad.

¿Quiénes están detrás de la iniciativa?
Somos un colectivo ciudadano, creado y promovido por personas que quieren construir y expresar mejor su ciudadanía, a partir de nuestras reflexiones sobre el tema urbano. “Cebras por la Vida” se ha podido articular con otros colectivos como Combo2.600, Ciudad Verde, y por los grupos que promocionan el tema del uso de la bicicleta en la ciudad. La iniciativa no tiene una línea o interés político, aunque muchos de los participantes han militado o representado a algunos movimientos políticos. Lo importante es que somos personas que decidieron tomar con sus propias manos la posibilidad de cambiar su realidad y que entienden que los comportamientos, por pequeños que parezcan, en su acumulación terminan generando el gran caos o la ciudad amable a la que se puede llegar. Nuestra causa es simple: priorizar y visibilizar al peatón. Una cebra es una cosa muy simple, no necesita planes ni diagnósticos sofisticados, es algo que está a la vista y que se podría corregir fácilmente si hubiera voluntad o capacidad del gobierno local. Este tipo de iniciativas abren un espacio para participar en el mejoramiento de la ciudad de una manera sana, creativa, innovadora y propositiva, porque al mejorar la ciudad, mejora la calidad de vida de todos sus habitantes.

A veces creemos que las soluciones vienen de las instituciones, bien sea de la alcaldía o las entidades del gobierno, pero una reflexión que muchos nos hacemos es que en el desastre que vive actualmente Bogotá, si bien tiene incidencia la crisis de liderazgo de sus gobiernos, también ha habido una crisis enorme por el lado de la ciudadanía: escasa participación, mala elección de gobernantes, pero sobre todo una visión muy limitada sobre lo que es la ciudadanía. Mucha gente piensa que solo es ir a votar y ya. Pero lo que nosotros entendemos y tratamos de plantear es que la ciudadanía es un ejercicio que se realiza todos los días y que cada persona, desde su propio lugar, tiene la posibilidad de generar pequeños o grandes cambios, y asumir la corresponsabilidad por todo lo que sucede en la ciudad.

¿Qué incidencia ha tenido la iniciativa entre gobierno y autoridades de Bogotá?
En nuestras intervenciones no hemos contado con apoyo o participación de las autoridades de la ciudad. Simplemente hemos realizado acciones de toma y apropiación del territorio. Sin embargo, a raíz de nuestra última intervención, llamamos la atención de la Veeduría Distrital. Esta entidad se interesó en el proyecto y quiere ayudarnos a escalar la iniciativa para desarrollar una propuesta sostenible, porque hasta el momento el desarrollo del proyecto ha salido del bolsillo de todos los que voluntariamente participan, que nos permita llevarla a las 20 localidades de Bogotá, trabajando con los Colegios Distritales y sus zonas aledañas. Ahora que vamos con una entidad pública, la idea es que la administración distrital también se sume a la iniciativa.

¿Qué impacto han logrado?
Por una parte, se ha logrado sumar más gente al tema del peatón. Se han venido sumando colectivos de la ciudad, y uno especialmente significativo es el que promueve el tema de las bicicletas. Antes ellos tendían a ser muy herméticos, muy defensores de su causa de la bicicleta, pero se sumaron al tema y lo que entienden es que una ciudad que es buena para el peatón termina siendo una ciudad muy buena para el ciclista. La iniciativa también ha llamado la atención de los medios, que se se han interesado porque les parece una acción novedosa, interesante y que trae un discurso importante para la ciudad. En este empeño nos han ayudado a difundir el tema El Espectador y Semana. Además, un medio internacional importante alrededor de debates urbanos como es The Atlantic Cities, escribió un artículo sobre nuestra intervención más reciente, que puede ser consultado en el siguiente link: http://www.theatlanticcities.com/commute/2013/06/bogota-activists-are-fighting-against-backslide-pedestrian-safety/5889/. Aparte de la Veeduría, también han aparecido organizaciones del sector privado que nos han solicitado apoyo para intervenir en lugares que carecen de infraestructura para el peatón.

Finalmente, Bogotá, ¿para ciclistas o para peatones?
No creo que como está la ciudad sea favorable para ninguno de los dos. Bogotá es una ciudad bastante compacta, donde las distancias no son muy extensas, pero falta mucha cultura y autoridad para generar respeto por el peatón y por el ciclista. Tenemos una ciudad bastante anárquica y debemos volver a retomar códigos básicos de comportamiento y convivencia.

El Espectador

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