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Enero 7, 2013

LOS PROBLEMAS DE PETRO. Por: Eduardo Gutiérrez Arias

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Gustavo Petro ha querido impulsar un programa de reformas económicas, políticas y administrativas en el Distrito Capital, consignadas en el plan de desarrollo 2012 -2015 “Bogotá Humana Ya” para lograr una ciudad más incluyente, más humana y social, más democrática. Proyectos como el regreso del tranvía para integrarlo al transporte intermodal, la universalidad de los tres años de preescolar para todos los infantes, el volumen mínimo de agua potable gratuita para las familias pobres, la eliminación del cobro de alumbrado público, la recuperación del medio ambiente, el regreso al monopolio público en el manejo del servicio de aseo con selección en la fuente y reciclaje de los residuos sólidos, la adopción de un sistema de contratación pública transparente y libre de corrupción así como la defensa de los derechos humanos, son iniciativas plausible para lograr una sociedad mejor, tolerante, democrática e incluyente.

Es claro que todas estas decisiones, requieren para su adecuada implementación,  una planeación y unos estudios rigurosos. Exigen una administración muy participativa y un trabajo de equipos técnicos y profesionales con alta experticia, así como una delegación de funciones de acuerdo a las competencias establecida por la ley. Es bueno precisar que tanto la administración, como la política, no sólo son una ciencia sino también un arte y el arte demanda talento, creatividad, altas capacidades comunicativas y muy especialmente inteligencia emocional. De esto último, al parecer Petro tiene altas carencias.

Petro ha perdido algunos de sus mejores y más leales colaboradores como Antonio Navarro y Daniel García Peña por el mal trato en sus relaciones interpersonales. Por este mismo problema se ha enfrentado a concejales que hoy podrían ser sus amigos como Antonio Sanguino. Parece que su consigna fuera cazar cada semana una gran pelea y como consecuencia de este estilo administrativo camorrero ha perdido su gobernabilidad y hoy enfrenta un proceso de revocatoria del mandato.

Los gobernantes latinoamericanos de izquierda, con contadas excepciones,  se han caracterizado por su alta tolerancia y la búsqueda de consensos para sacar adelante sus reformas. Así lo han hecho Lula y Dilma Roussef en Brasil, Pepe Mujica en Uruguay,  Michelle Bachelet en Chile y Rafael Correa en Ecuador. Pero en Colombia, parece que esas lecciones no se han aprendido y cuando algún dirigente de izquierda llega a una gobernación o alcaldía, el caudillismo y la prepotencia salen a relucir frustrando las buenas intensiones que puedan tener. Entonces en Colombia no sólo tenemos una de las derechas más agresiva e intolerantes del continente, sino también una izquierda caudillista  que difícilmente puede convertirse en alternativa de poder.

La Nación 07 enero, 2013

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