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Mayo 18, 2015

Por un nuevo septimazo

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Peatonalización costará $50.500 millones y debe terminar en marzo de 2017. Primera etapa, prevista para entregarse en junio, tardaría otros dos meses.

Son tan ricos los hallazgos arqueológicos hechos en medio de la primera etapa de obras para peatonalizar la carrera Séptima, que la entrega, prevista para el 25 de junio próximo, podría posponerse uno o dos meses debido a las complejidades en el manejo de esos vestigios. Canales hidráulicos, restos óseos humanos y de lo que fue el alcantarillado de ese sector del Centro, cerámica, monedas y parte de los rieles del tranvía integran el grueso del descubrimiento. A la propuesta inicial le agregarán un componente museográfico, que permitirá, por ejemplo, dejar los rieles al descubierto para que los caminantes los observen en sus paseos.

Por un nuevo septimazo.

Por un nuevo septimazo.

Esta primera fase va de la calle 10 (a un costado de la Plaza de Bolívar) a la avenida Jiménez. En este último punto ya comienza a verse el resultado de lo que será el nuevo septimazo: una alfombra de adoquines color crema, franjas de jardinería, ciclorruta y una calzada. El tránsito de vehículos no puede restringirse del todo. La ingeniera Carolina Barbanti, directora técnica de construcciones en el IDU, explica que a las ambulancias y carros vinculados a entidades bancarias con sede en esta vía, se les debe garantizar la circulación.
Aquí, como en todos los trabajos de la revitalización del centro histórico de Bogotá, confluye el trabajo de varias entidades. El IDU se encarga de las obras; lo asesora el Instituto Colombiano de Antropología e Historia para el manejo arqueológico; el Instituto de Patrimonio Cultural da indicaciones sobre manejo arquitectónico y en la selección y uso de materiales. Esta dependencia, además, se encargó de diseñar la renovación de tres pasajes por los que se accede y sale de la Séptima. Son las calles de la Armería (12C), de Santo Domingo (12A) y de los Fotógrafos (12 Bis).
El Instituto para la Economía Social (IPES) se encarga del trabajo con los vendedores informales. Es un reto enorme porque el objetivo es que, a diferencia de lo que hoy ocurre, ellos no se tomen el espacio construido para caminar. Un censo identificó 210 a lo largo de lo que será la peatonalización, entre las calles 10 y 26.

El IPES informa que 156 acogieron su oferta de microcréditos y capacitaciones y 15 ya trabajan formalmente en otras zonas.

Pastor Padilla, lotero que lleva 15 años en el sector y que por estos días trabaja en medio de la polvareda que levantan las obras, dice que hasta ahora a él y a sus colegas no los han molestado, pero teme por lo que ocurra con quienes se dedican a otros oficios. Para actuar, el IPES se acoge a la sentencia que el Consejo de Estado profirió en 2012 sobre recuperación de espacio público en Bogotá, que les permite quedarse en la zona a “artistas, embellecedores de calzado, voceadores de prensa y loteros”. Andrea Castro, vendedora de ropa en un local, explica que lo preferible es que haya un filtro y una depuración, porque los informales, con sus precios bajos, suelen competirles a comerciantes formales.
A ese proceso le faltan tiempo y trabajo: si las obras de la primera etapa estarían listas en dos o tres meses (con un costo de $13.300 millones), la segunda fase, entre la Jiménez y la calle 26, está en estudios de factibilidad, por lo que le faltan diseños y construcción. Ese contrato está en ejecución y durará dos años, con un costo de $37.200 millones. La fecha de entrega es el 23 de marzo de 2017. Sumadas las inversiones en ambos frentes, el costo de la peatonalización de la séptima será de $50.500 millones.
La ingeniera Barbanti explica que entre la Jiménez y la calle 24 se replicará el paisaje de la primera etapa, y entre la 24 y la 26 habrá una “zona que por cuestiones de movilidad quedará abierta a los vehículos de transporte público y privado, pero se comparte con andenes”. Y en la 26, aunque es un proyecto aparte, la pretensión es conectar con el Parque Bicentenario, que lleva seis años de retrasos pero donde se retomaron labores para terminar en 2016.
El Espectador

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